viernes, 20 de octubre de 2017

Lluvia y Fiesta

Amanece tronando y el diluvio universal parece que ha llegado. Noodles para desayunar y tirando para la calle a ver cosas que hay muchas ganas. Chubasquero, chanclas y a correr que, por suerte, la temperatura es buena y el agua de la lluvia resulta hasta calentita.
Tras caminar un rato bajo la lluvia, decidimos coger un taxi para irnos a una parte alejada de la ciudad con la intención de ver algunos templos curiosos. Conseguimos uno por fin y tenemos que entendernos con el taxista sacando la calculadora del móvil, su poco inglés y la falta de gran parte de la dentadura, no ayudaban mucho a la pronunciación, pero tirando de recursos, por fin lo conseguimos!
Terminamos en una gran pagoda, llena de muchos locales rezando, con un gran buda reclinado. Había mucho ambiente allí, gente rezando con varios monjes, gente comiendo en una especie de restaurantes improvisados dentro de la propia pagoda y un sinfín de niños corriendo. Importante descalzarse antes, ya sabemos. Lo que no entendíamos era su empeño en apartar nuestro calzado (unas simples chanclas) de el del resto de los locales. Esa vez hicimos caso, el resto del tiempo hemos pasado y según llegábamos las tirábamos en algún lugar de la entrada.
Después de visitar varias pagodas bajo una lluvia a veces intensa, otras débil, pero siempre sin parar de llover, terminamos en una avenida repleta de gente y puestos de comida. Había miles de personas peregrinando por aquella calle, subiendo hacia el templo y otros ya bajando, superando docenas de coches que se cruzaban con gente hasta los topes de un lado para otro. Un bonito caos mojado donde tenías que sortear algún charco que te podía llegar por las rodillas, o directamente riadas de agua con a saber qué, que salían de algunos de los laterales de aquella avenida. Resultaba que ya estábamos en la calle que conduce a la Shwedagon Pagoda, la más importante para todos los budistas birmanos, ya que contiene algunas reliquias de Buda, y además era la tan esperada fiesta budista de Thandingyut,el festival de las luces, donde toda la ciudad se viste con luces de una u otra manera. Una de las fiestas más importantes en Myanmar. Comprendimos perfectamente todo el gentío que había y la cantidad de luces que había por lsa fachadas de casas y edificios.



Con estos datos y procesados, continuamos dirección a la gran pagoda, mezclándonos con la gente, totalmente empapados y sin dejar de saludar a unos y otros. Llegamos por fin a la escaleras de la pagoda y tocaba descalzarse, y puedo asegurar que entre la cantidad de gente que había, los azulejos empapados en agua y descalzos, aquello se convirtió en un pequeño acto de fe funambulista. Subir escalones y más escalones con algún que otro resbalón, pasando por los miles de tenderetes con motivos religiosos, florales y algún que otro puesto de comida. A medio camino, cruzaba una carretera para que la gente más impedida pudiera llegar hasta arriba con alguna que otra facilidad y un guardia trataba de regular el paso entre los miles de viandantes que subían y bajaban, con las docenas de coches que se apostaban para cruzar y dejar a sus ocupantes. Finalmente llegamos arriba! pagando una entrada, eso sí, aquí los extranjeros tienen que pasar por caja sí o sí, al menos los que no tenemos los ojos rasgados, que es más evidente además de por la altura. Y mereció la pena subir, ver tanta gente comiendo, rezando, disfrutando de la familia. Todo el mundo trataba de ponerse bajo algún porche porque diluviaba de verdad. Aquello estaba lleno de paraguas miraras por donde miraras, pero el resultado era gracioso y que toda la humedad les subía por las faldas y  final estábamos todos más o menos igual con paraguas que sin él, menos mal que por lo menos hacía calor! El suelo, arriba, todo lleno de azulejos o baldosas pulidas, tenía el mismo peligro que el de las escaleras de subida, así que despacito fuimos rodeando la pago, bastante grande, llena de estupas e imágenes de buda por cualquier lado que mirases. Lo mejor era ver la cara de felicidad de la gente, todo el mundo sonría, reía, comida y bebía, sin alcohol, por supuesto. Podías ver multitud de monjes entre la gente, totalmente empapados con sus atuendos narajas, granates, tirando a marrón.
Pasamos un tiempo paseando allí bajo la lluvia y decidimos bajar por otras escaleras por evitar la muchedumbre de la entrada, pero al final resultó ser que todas las escaleras estaban por el estilo. Ni recuerdo lo que tardamos en bajar, pero fue bastante tiempo. Resbalones y más resbalones, mucha gente, e ingluso alguna que otra escalera mecánica en algún tramo, fue lo que nos encontramos, hasta que casi llegando a la salida, una gran cantidad de gente se abalanzó sobre un grupo de personas que regalaban una bebida energética que estaba de promoción. Ya cogíamos las latas de los que repartían y se las pasábamos a los chavales que querían cogerlas, así por lo menos nos dejarían movernos un poco, lo que pasó es que no resultó ser así del todo, éramos incapaces de salir, y sumando lo de los resbalones, pensé que terminaría muriendo en aquellas escaleras bajo alguna lata de bebida energética, pero no fue así, aquí lo estoy contando por suerte. La verdad es que no fue para tanto, pero tenía que ponerle un toque trágico al asunto para hacerlo más vendible, eso sí, no recomiendo la situación a alguien que se agobie con aglomeraciones.
El día fue pasando y la lluvia no daba tregua, pero tampoco nos impidió ir aquí y allá, comiendo en puestos de la calle y disfrutando de la gente en su día de fiesta, no todos los días se puede ver este tipo de eventos.
Mañana ya toca hacer maleta y cambio de ciudad. Breve pero intenso, seguro que volveremos aquí antes de irnos del país.

jueves, 19 de octubre de 2017

Llegada a Yagón

Yagón, Rangún o como más os plazca pero aquí estoy, recién aterrizado y con la humedad pertinente ya en el cuerpo. Con un pequeño retraso en tiempo de aproximadamente 6 horas del previsto inicialmente por una avería (creo que del aire acondicionado) en el avión de ETIHAD, pero sano y salvo.
Lo primero es cambiar unos cuantos dólares en kyats (lo llaman yat, la k podéis obviarla), que siempre será mucho mejor pagar en la moneda local para que los cambios sean favorables que si no se desmadra el presupuesto. Billetes planchados y que huelan a nuevo, como los vean con alguna marca o algo, no os los cogerán. Ya me encargué de hacerme con unos recién salidos del horno para llevar a Myanmar, aunque tenía algunos sobrantes en casa del viaje anterior a USA, traté de colarlos todos pero no hubo manera, aunque sí se cogieron unos pocos.
De ahí a negociar un taxi para el centro, y no fue mal la cosa, al final nos juntamos con una chica belga y así compartimos gastos que, total, iba a la misma calle, qué casualidad!
El recorrido muy pintoresco, me recordaba mucho a Hanoi solo que sin motos, excepto la policía, ellos sí que pueden llevar. Aún así, como en cualquier ciudad grande del sudeste asiático, caos circulatorio por todas partes, mucho claxon y el añadido de escupir chorros y chorros de tabaco de mascar por las ventanillas. Algo parecido a un chorro de barro... luego cuando ves las dentaduras al sonreírte te das cuenta de todo.
Es interesante apreciar que el volante está a la derecha en la inmensa mayoría de vehículos pero circulan por la derecha, como en España. Pregunté y me dijeron que es porque se los compran a Japón y como allí circulan por la izquierda, pues es lo que toca, solo que la gente pudiente puede comprarse un coche adaptado a las carreteras, lo cual no está mal porque se adelantan constantemente y puede ser peligroso en más de una circunstancia pero... quién dijo miedo habiendo hospitales!
Después de un rato largo, largo (pillamos la hora punta del mediodía), llegamos a la calle doce, donde nos recibió muy amable toda la gente del hostel, hostal, pensión, no sé muy bien cómo definirlo. Instalaciones muy modestas puestas con la mejor intención de agradar. Suficiente para lo que necesitamos, una cama, una ducha y listo. Y la ducha era un baño compartido al final del pasillo, abierto y compartido con los propios trabajadores del hotel, todo en familia.
Buscar la wifi para avisar a la familia de la llegada y a salir a la calle! lo de la wifi es ciencia ficción, va y viene mucho, sin velocidad y con una calidad regulera. De vacaciones genial porque desconectas, pero si tienes que currar o similar, mejor cómprate una tarjeta en alguna de las millones de tiendas o puestos de la calle y, aún así, tampoco creas que vas a poder hacer mucho en muchas de las zonas por las que pases, la cobertura es tan regulera como la calidad de la conexión. Suerte.





Ya en la calle! Olores a comida y a basura, que aquí se mezcla todo y hay agua estancada en muchos sitios. Noodles, arroz y montones de especias aguardan. Cerca del chinatown e indiatown de Yagón, lo mejor es dar una vuelta de reconocimiento para buscar sitio para la cena, que hambre no hay con tanta comida en los vuelos. Por muy cortos que sean, siempre nos dan algo de comer, ya podían aprender muchas compañías europeas del servicio y hospitalidad de las orientales, detalles.

Pagodas, templos, mezquitas, iglesias baptistas, ... se entremezclan en una misma calle, adornadas con luces de colores por las fachadas como si fuera Cortilandia. Tienen mucha querencia a iluminar las cosas, por lo menos da alegría aunque tengan poco gusto a la hora de decorar, eso sí. Un trasiego constante de gene por la calle, andando, en bici, carros y coches, con faldas prietas largas y camisas, tanto hombres como mujeres, da igual la condición social, más pobres o más ricos, todo con mucho color y siempre en chanclas, que no falten! Mucha gente nos sonríe o nos saluda por la calle y lo cierto es que damos mucho el cante porque tampoco es que se vea mucho occidental, más bien ninguno. Llevamos 4 horas desde que dejamos a la chica belga del taxi y no nos hemos encontrado con ninguno todavía.

Después de dar una vuelta grande por esta parte de la ciudad, ver su estación de autobuses, un parque donde al caer la noche se ha llenado de multitud de birmanos disfrutando del césped, se sientan a cenar con amigos y familia y a dejar todo tirado cuando terminan, que la limpieza no la tienen todavía muy interiorizada por lo que parece. Terminamos en chinatown, en una de las calles, sentados en una pequeña mesa de plástico con unas sillas bajitas, esperando a que nos pongan un plato de arroz con un montón de cosas que hemos ido señalando del carro donde cocina todo una señora. Muy amable nos acerca el platazo a la mesa, sonriendo y ofreciéndonos té caliente además del agua que habíamos pedido. Importante, el agua siempre es embotellada, agua tratada, no he visto a nadie beber agua de ningún sitio que no sea embotellada o de garrafas grandes que hay en muchos sitios donde es también embotellada, así que tranquilos que no hay intención de pillar diarreas o similar, aunque nunca se sabe!

Reventados, toca dormir... pero antes poner mosquitera, que hay unos mosquitos negros feos con malas intenciones. Después de hacer unos cuantos apaños, ya sí se consigue poner la mosquitera más o menos bien, veremos qué nos depara la noche. Deseando ver Yangón.

miércoles, 26 de octubre de 2016

Vuelta al viejo oeste

Carreteras polvorientas, menos tráfico y mucha arena alrededor, esto es el desierto! Tengo que ser sincero y el camino a Joshua Tree, la primera parte, es lo más parecido a una escombrera que he visto en mi vida, pero sin escombro, vaya. El que conozca la carretera de San Martín de la Vega sabrá lo que quiero decir. Y cómo no, un atasco! En pleno desierto y te puedes topar con un atasco porque están haciendo obras en un tramo de la carretera, paradojas de la vida. Como precaución antes de entrar en Joshua Tree, siendo un desierto y Parque Nacional, conviene mirar el depósito del coche y parar a repostar, que lo pone en todos los sitios y es que debe haber mucho despistado por el mundo desértico. Ya todo listo, gasolina, agua, comida y la tarjeta del annual pass de parques nacionales preparada, Joshua comienza, ahora sí que con mucha arena, cactus y rocas, que mires donde mires puedes imaginar coyotes, cascabeles, indios y vaqueros. Un buen sitio para practicar boulder de escalada, pero en la parte más visitada del parque, por donde entramos, Chiriaco, tienes que hacer muchos kilómetros hasta ver algo que realmente te interese. Subida a la parte más alta de Joshua, donde puedes ver todo el valle de Coachella, ahora tan famoso por su festival de música, y un montón de cosas que podríamos ver si no fuera por la cantidad de polución, eso y las nubes amenazantes de este día. Verás tú que al final veo llover en el desierto...
Un pequeño trekking para visitar una pequeña mina abandonada que en su tiempo dio bastante oro y... zas, la serpiente! No fue una cascabel, pero se cruzó en el camino a nuestro paso una serpiente de medio metro escaso, haciéndome pegar un respingo hacia atrás, quedándose ella más acojonada que yo. Después de haber visto atrás coyotes, zorros del desierto, ardillas, conejos enormes e incluso casi atropellar a un mapache, veo a una serpiente, aunque yo buscaba una cascabel, respeto todo, pero curiosidad mucha más. El caso es que llegamos a la mina, sólo se puede ver por fuera, toda la estructura y maquinaria, pues como siempre hay peligro de derrumbe con estas cosas. Vista la mina, vuelta al coche y, según llegamos, se pone a diluviar. Lluvia torrencial en pleno desierto! Podéis imaginar los torrentes de agua que se formaron en un momento, anegando incluso ciertas tramos de la carretera, había que ir con bastante cuidado porque toda esa agua llevaba tierra. El caso es que la lluvia no nos detuvo para ver alguna cosa más y ya bajar al pueblo. Antes de salir del parque, encontramos un poco de cobertura, era el momento para hacer una reserva por booking se algún motel interesante. Hecho y camino! Llegada al motel, maletas y a beber cerveza en un auténtico bar del lejano oeste. La decoración era tremenda y el acento de los lugareños mucho más. Ponte una leche de minero, camarera! Cerveza artesana amarga como la hiel pero fresca como una lechuga recién lavada, y se cenar unas costillas ahumadas para caerse muerto.
Salgo del saloon que me falta una pajita en la boca y echar a rodar, sobre todo esto último. Hora de emprender camino a la costa, después de tanta arena viene bien un poco de mar y olas. Long Beach, La Jolla, Corona del Mar... mucho surf, casas de ensueño, coches caros, el Malibú de esta zona, para finalmente terminar en San Diego, prácticamente frontera con México lindo y querido. Y es que San Diego está lleno de español por todos sus rincones, muchos mexicanos viven aquí. Lo más alucinante es el Old Town, un trocito del México del s.XVIII en USA y el origen de California. Pasaría horas perdido por sus calles, en sus edificios, sus tiendas coloridas con motivos mexicanos, y encima ahora en pleno montaje para el Día de los Muertos, tan especial para ellos, lleno de calaveras, ataúdes, altares con fotos de los seres queridos u otros muertos. Tijuana a 40km...
Tacos, Corona y tequila para despedirse de California, toca irse al rancho en busca de un buen T-bone y auténtica BBQ texana.

domingo, 23 de octubre de 2016

Cañones de los que no disparán

Antelope Canyon o lo que viene siendo un sitio muy especial para los indios navajos, y es normal que así sea porque ,a pesar de las hordas de turistas que vamos y venimos, el lugar es mágico , tiene ese carisma que notas en algunos sitios. Los tímidos rayos de sol iluminan las salas dentro del cañón, largo y con estrechos pasillos en los que sería complicado entrar con mochila sin rozarte con la pared. El color rojizo de la pared iluminada con el sol, el polvo de la arena que cubre todo el cañón flotando en el aire (los guias, que son navajos, llevan pañuelos tapando nariz y boca), ese polvo que terminas por masticar tierra durante horas después de la visita. He echado de menos más motivos tradicionales indios durante la visita, pero los guías han ido contando cosas sobre su cultura y sus leyes, que tienen un régimen especial dentro de la legalidad americana. Al ser zonas muy desérticas, las posibilidades de negocio son muy escasas y esta gente ha optado por explotar sus raíces de esta manera, porque no hay que olvidar que están en riesgo de exclusión social muchos de ellos.
Saliendo de Page, el pueblo pegado a Antelope Canyon, a tan sólo unos minutos podemos encontrar Horseshoe Bend, una maravilla del río con la formación de un meandro con forma de herradura, pero de un tamaño colosal, con vegetación y con una altura que quita el hipo. Una maravilla a escasos metros de la carretera.

Siguiendo la carretera, milla tras milla que marca el coche, por fin empezamos a vislumbrar parte del parque nacional del Gran Cañón, con formaciones rocosas, cañones cercanos enormes, mucha vegetación y una puesta de sol interminable que acompaña el viaje con canciones de Johnny Cash en la radio. Nos adentramos en el parque con nuestro annual pass y vemos los primeros view points del Grand Canyon, ya casi sin luz, así que pasando de parar que ya se verán, lo importante era buscar sitio donde dormir. Hete ahí el problema, y no por falta de sitios, porque la zona central del South Rim del Gran Cañón está repleta de lodges, sitios para comer y hasta oficina de correos, porque nay una pequeña comunidad de gente que vive allí, pero también había mucha gente, muchísima gente, era sábado y ni se nos había pasado por la cabeza el lleno. Y efectivamente, estaba todo lleno. Después de parar en un par de sitios, dar vueltas a oscuras por unas carreteras que no conocíamos y la temperatura cayendo en picado, paramos en un tercero (sin sitio también) y nos indicó a unos kilómetros, fuera del parque, había varios lodges y que fuéramos a preguntar. No quería pasar la noche en el coche porque la temperatura puede caer bajo cero en esta época y la ropa que llevamos es para desierto..un jersey es lo único que tengo de abrigo. Pero por suerte había habitación, con duchita para quitar toda esa tierra por pelo, cara, boca y todo lo demás, hasta piscina climatizada!!!!! Mi consejo es que si vais al Gran Cañón , reservéis motel antes de ir o tenéis la opción de iros a los de fuera, que en 15 minutos de coche estás en la Villa principal.
Ahora viene lo gordo... después de la tormenta siempre llega la cal...despertarse a las 6 de la mañana para estar a las 6:30 en uno de los miradores del Gran Cañón, que anoche se intuía como algo enorme, para ver la salida del sol. Ver amanecer nos encanta, esa imagen bucólica , no la de volver borrachos a casa con gafas de sol y escuchando piar a los pájaros. El espectáculo de la salida sel sol en el Gran Cañón es maravilloso, puedes ir viendo iluminarse todas las paredes verticales del cañón , poco a poco, ver como va cogiendo diferentes  tonalidades y la vida animal empieza su día, sobre todo las aves.
Después del madrugón, toca llenar el estómago , y vaya si lo llenamos. Ese maldito beacon es gloria, se deshace en la boca mientras cruje. Me rindo completamente, ya me tocará hacer una de verduras y físico, pero no ahora. Coño, si es que tienen hasta una máquina para hacer tortitas de manera automática!
Por suerte o por desgracia, pasamos horas entre miradores al cañón, e incluso una parte que no se podía hacer en coche, con un autobús que recorre todos los puntos de interés del parque de forma gratuita y cada 15 minutos , lo tienen montado muy bien para que no te haga falta mover el coche por el parque, da gusto.

Carretera...y a seguir, por la famosa ruta 66 un rato , sólo un ratito, toca desviarse un poco para ir al desierto otra vez más , Joshua Tree y sus cactus esperan. Son las 20 horas y el coche marca 30 grados, la noche promete.

viernes, 21 de octubre de 2016

Del desierto a tierra de nativos

Resumo Death Valley en una palabra, ACOJONANTE. Creo que cualquier otra definición que intente se quedará muy corta. Impresiona la rudeza del clima, la tierra tan árida, remolinos de polvo, escasa o nula vegetación y carreteras que se convierten en caminos de tierra con avisos constantes de inundaciones repentinas. En cuanto comienzas a adentrarte en este desierto empiezas a comprobar sus maravillas, sus animales adaptados de una manera maravillosa, su flora resistente a sequías terribles, e incluso un lago lleno de peces adaptados a un agua más salada que cualquier otra debido a su estado por debajo del nivel del mar. Puedes ver restos de antiguos asentamientos mineros abandonados que te dan una idea de lo dura que podía ser aquella vida en ese lugar, también hay numerosos pueblos abandonados de los que ya solo quedan unas cuantas ruinas, alguna todavía en pie. Death Valley es lo más parecido a Marte que puedo imaginar. Procura entrar con el depósito de gasolina lleno y bastante agua, no encontrarás ninguna gasolinera o tienda durante muchos kilómetros, aunque siempre puedes echar mano de los muchos turistas que pasan siempre que no vayas a zonas muy alejadas de las principales rutas. Cuidado con las serpientes y los escorpiones.
Una vez fuera de Death Valley sigues en el puñetero desierto, aunque con gasolineras y muchos casinos, bienvenido a Nevada! Y como me va la marcha, prefiero coger carreteras con encanto, así que prefiero ir por la zona del Área 51 por si se escapa algún UFO o veo a algún alien que se ha escapado de alguna mesa de operaciones, pero no hay suerte, llego a Las Vegas sin abduciomes, ni sondas anales, ni aliens... eso sí , con una camiseta molona del Area 51 Alien Center, que es un bar de carretera un poco friki.
Welcome to Las Vegas! O como digo yo "el mayor parque de atracciones para adultos del mundo". Y es que es eso, todo luces, pantallas anunciando espectáculos de todo tipo, gente bebiendo por la calle y fumando como si no hubiera un mañana (choca porque es el único sitio de USA donde lo he visto), que si tarjetas de prostitutas, servicios de limusinas, chicos y chicas exuberantes con los que hacerse fotos, casinos, más casinos y muchos más casinos, pero también mucha gente tirada en la calle pidiendo, aunque no sé todavía si para jugar, beber o comer, no lo tengo claro. Y es que así es Las Vegas, un sitio donde uno pasea para ver los casinos por dentro, comprar en tiendas de todo tipo, ir de bar en bar y buscar espectáculos a los que asistir por la noche a mitad de precio en los diferentes kioskos que se anuncian. Que si el volcán del Mirage, la montaña rusa del New York New York, las góndolas del Venetian o las fuentes del Bellagio, y muchos más de los importantes en el famoso Strip de Las Vegas. Impresiona todo mucho porque es a lo grande, muy bizarro. Conseguimos una habitación en el Excalibur por 50€ y había que probar, eso sí en una planta 17 para poder observar bien la ciudad desde lo alto, y es que la habitación daba justo al Strip.
Después de paseos por el bulevar para arriba y para abajo, de día y de noche, y haber jugado como un ludópata perdido la nada despreciable cantidad de un dollar, toca cambiar de aires o terminaré echándome a perder más si cabe.
Rumbo hacia tierra de nativos, los indios americanos para más señas, pero pasando por Zion Park, es una pasada de sitios. Desearía poder estar mucho más tiempo para poder hacer rutas de senderismo, escalar o hacer acampada por aquí, son sitios increíbles. La tarde cae y nos coge en Marble Canyon, el verdadero comienzo del Grand Canyon, siendo una pasada por la zona de los indios navajos. El verde valle contrastando con las colinas de distintas tonalidades de rojo que hacen de la puesta de sol un espectáculo de color. Hora de descansar cerca de Antilope Canyon, la cosa promete.

martes, 18 de octubre de 2016

Del verde al amarillo

Amanece y, café en versión tanque en mano, toca partir desde las llanuras de granjeros, que piden el voto para Trump creyendo que arreglará sus problemas de agua, hasta el más caluroso y amarillento desierto de Mojave. Primero toca Yosemite, para obligatoria donde las haya, para ver su inmensa riqueza natural y presentar los respetos al Capitán, esa gran pared vertical de mas de dos mil metros de altura, todo un reto para los escaladores. Cuando estás debajo te sientes pequeño, muy pequeño, pero es que te sientes enano constantemente en este país, todo es enorme, a lo grande. Tierras de cultivo tan extensas que no llegas a ver el final, de viñedos, naranjales, manzanas, lo que se te ocurra.
Otro punto muy interesante es Glacier Point, aunque no busques hielo que no lo vas a encontrar, al menos de glaciar, pero sólo las Increíbles vistas de las montañas que lo rodean y el valle en su parte baja, merece mucho la pena. La siguiente visita era para Mammoth Lake pero con la carretera ya cortada, que sólo abren en época estival, se hace tremendamente complicado llegar allí teniendo que rodear el parque por la zona sur para luego subir, porque realmente son tres parques nacionales juntos, el pirulo es más que considerable y lo del culo carpeta iba a ser algo perenne para el resto de mi vida, no procedía, así ya tengo cosas que ver a la vuelta. El cambio de planes trae consigo improvisar, y ya que tenemos la annual pass para los parques nacionales ( sale por 80$ en lugar de pagar 30$ cada vez que entres a uno, contando Yosemite, Secuoya, Death Valley y Gran Cañón), pues a bajar a Secuoya para ver estos increíbles monstruos de la naturaleza tan enormes. La verdad es que los colores del otoño con tanta vegetación son espectaculares y tienes agua por todos lados, cascadas, torrentes, musgo goteando...

Después de mucha curva, y curva, y curva, y pasar con el coche por dentro de una secuoya muerta, y más curvas, por fin llegamos a las llanuras extensas con un paisaje bastante desértico, todo muy amarillo. Toca para en Mojave, repostar, pasar la noche y disfrutar de un viento del carajo que hay por aquí, porque no hay nada más que viento. Eso y trenes con convoyes interminables, he visto pasar uno con más de 70 contenedores (en el 70 me he cansado de contar).
Mañana Death Valley, espero volver... chan chan!