miércoles, 26 de octubre de 2016

Vuelta al viejo oeste

Carreteras polvorientas, menos tráfico y mucha arena alrededor, esto es el desierto! Tengo que ser sincero y el camino a Joshua Tree, la primera parte, es lo más parecido a una escombrera que he visto en mi vida, pero sin escombro, vaya. El que conozca la carretera de San Martín de la Vega sabrá lo que quiero decir. Y cómo no, un atasco! En pleno desierto y te puedes topar con un atasco porque están haciendo obras en un tramo de la carretera, paradojas de la vida. Como precaución antes de entrar en Joshua Tree, siendo un desierto y Parque Nacional, conviene mirar el depósito del coche y parar a repostar, que lo pone en todos los sitios y es que debe haber mucho despistado por el mundo desértico. Ya todo listo, gasolina, agua, comida y la tarjeta del annual pass de parques nacionales preparada, Joshua comienza, ahora sí que con mucha arena, cactus y rocas, que mires donde mires puedes imaginar coyotes, cascabeles, indios y vaqueros. Un buen sitio para practicar boulder de escalada, pero en la parte más visitada del parque, por donde entramos, Chiriaco, tienes que hacer muchos kilómetros hasta ver algo que realmente te interese. Subida a la parte más alta de Joshua, donde puedes ver todo el valle de Coachella, ahora tan famoso por su festival de música, y un montón de cosas que podríamos ver si no fuera por la cantidad de polución, eso y las nubes amenazantes de este día. Verás tú que al final veo llover en el desierto...
Un pequeño trekking para visitar una pequeña mina abandonada que en su tiempo dio bastante oro y... zas, la serpiente! No fue una cascabel, pero se cruzó en el camino a nuestro paso una serpiente de medio metro escaso, haciéndome pegar un respingo hacia atrás, quedándose ella más acojonada que yo. Después de haber visto atrás coyotes, zorros del desierto, ardillas, conejos enormes e incluso casi atropellar a un mapache, veo a una serpiente, aunque yo buscaba una cascabel, respeto todo, pero curiosidad mucha más. El caso es que llegamos a la mina, sólo se puede ver por fuera, toda la estructura y maquinaria, pues como siempre hay peligro de derrumbe con estas cosas. Vista la mina, vuelta al coche y, según llegamos, se pone a diluviar. Lluvia torrencial en pleno desierto! Podéis imaginar los torrentes de agua que se formaron en un momento, anegando incluso ciertas tramos de la carretera, había que ir con bastante cuidado porque toda esa agua llevaba tierra. El caso es que la lluvia no nos detuvo para ver alguna cosa más y ya bajar al pueblo. Antes de salir del parque, encontramos un poco de cobertura, era el momento para hacer una reserva por booking se algún motel interesante. Hecho y camino! Llegada al motel, maletas y a beber cerveza en un auténtico bar del lejano oeste. La decoración era tremenda y el acento de los lugareños mucho más. Ponte una leche de minero, camarera! Cerveza artesana amarga como la hiel pero fresca como una lechuga recién lavada, y se cenar unas costillas ahumadas para caerse muerto.
Salgo del saloon que me falta una pajita en la boca y echar a rodar, sobre todo esto último. Hora de emprender camino a la costa, después de tanta arena viene bien un poco de mar y olas. Long Beach, La Jolla, Corona del Mar... mucho surf, casas de ensueño, coches caros, el Malibú de esta zona, para finalmente terminar en San Diego, prácticamente frontera con México lindo y querido. Y es que San Diego está lleno de español por todos sus rincones, muchos mexicanos viven aquí. Lo más alucinante es el Old Town, un trocito del México del s.XVIII en USA y el origen de California. Pasaría horas perdido por sus calles, en sus edificios, sus tiendas coloridas con motivos mexicanos, y encima ahora en pleno montaje para el Día de los Muertos, tan especial para ellos, lleno de calaveras, ataúdes, altares con fotos de los seres queridos u otros muertos. Tijuana a 40km...
Tacos, Corona y tequila para despedirse de California, toca irse al rancho en busca de un buen T-bone y auténtica BBQ texana.

domingo, 23 de octubre de 2016

Cañones de los que no disparán

Antelope Canyon o lo que viene siendo un sitio muy especial para los indios navajos, y es normal que así sea porque ,a pesar de las hordas de turistas que vamos y venimos, el lugar es mágico , tiene ese carisma que notas en algunos sitios. Los tímidos rayos de sol iluminan las salas dentro del cañón, largo y con estrechos pasillos en los que sería complicado entrar con mochila sin rozarte con la pared. El color rojizo de la pared iluminada con el sol, el polvo de la arena que cubre todo el cañón flotando en el aire (los guias, que son navajos, llevan pañuelos tapando nariz y boca), ese polvo que terminas por masticar tierra durante horas después de la visita. He echado de menos más motivos tradicionales indios durante la visita, pero los guías han ido contando cosas sobre su cultura y sus leyes, que tienen un régimen especial dentro de la legalidad americana. Al ser zonas muy desérticas, las posibilidades de negocio son muy escasas y esta gente ha optado por explotar sus raíces de esta manera, porque no hay que olvidar que están en riesgo de exclusión social muchos de ellos.
Saliendo de Page, el pueblo pegado a Antelope Canyon, a tan sólo unos minutos podemos encontrar Horseshoe Bend, una maravilla del río con la formación de un meandro con forma de herradura, pero de un tamaño colosal, con vegetación y con una altura que quita el hipo. Una maravilla a escasos metros de la carretera.

Siguiendo la carretera, milla tras milla que marca el coche, por fin empezamos a vislumbrar parte del parque nacional del Gran Cañón, con formaciones rocosas, cañones cercanos enormes, mucha vegetación y una puesta de sol interminable que acompaña el viaje con canciones de Johnny Cash en la radio. Nos adentramos en el parque con nuestro annual pass y vemos los primeros view points del Grand Canyon, ya casi sin luz, así que pasando de parar que ya se verán, lo importante era buscar sitio donde dormir. Hete ahí el problema, y no por falta de sitios, porque la zona central del South Rim del Gran Cañón está repleta de lodges, sitios para comer y hasta oficina de correos, porque nay una pequeña comunidad de gente que vive allí, pero también había mucha gente, muchísima gente, era sábado y ni se nos había pasado por la cabeza el lleno. Y efectivamente, estaba todo lleno. Después de parar en un par de sitios, dar vueltas a oscuras por unas carreteras que no conocíamos y la temperatura cayendo en picado, paramos en un tercero (sin sitio también) y nos indicó a unos kilómetros, fuera del parque, había varios lodges y que fuéramos a preguntar. No quería pasar la noche en el coche porque la temperatura puede caer bajo cero en esta época y la ropa que llevamos es para desierto..un jersey es lo único que tengo de abrigo. Pero por suerte había habitación, con duchita para quitar toda esa tierra por pelo, cara, boca y todo lo demás, hasta piscina climatizada!!!!! Mi consejo es que si vais al Gran Cañón , reservéis motel antes de ir o tenéis la opción de iros a los de fuera, que en 15 minutos de coche estás en la Villa principal.
Ahora viene lo gordo... después de la tormenta siempre llega la cal...despertarse a las 6 de la mañana para estar a las 6:30 en uno de los miradores del Gran Cañón, que anoche se intuía como algo enorme, para ver la salida del sol. Ver amanecer nos encanta, esa imagen bucólica , no la de volver borrachos a casa con gafas de sol y escuchando piar a los pájaros. El espectáculo de la salida sel sol en el Gran Cañón es maravilloso, puedes ir viendo iluminarse todas las paredes verticales del cañón , poco a poco, ver como va cogiendo diferentes  tonalidades y la vida animal empieza su día, sobre todo las aves.
Después del madrugón, toca llenar el estómago , y vaya si lo llenamos. Ese maldito beacon es gloria, se deshace en la boca mientras cruje. Me rindo completamente, ya me tocará hacer una de verduras y físico, pero no ahora. Coño, si es que tienen hasta una máquina para hacer tortitas de manera automática!
Por suerte o por desgracia, pasamos horas entre miradores al cañón, e incluso una parte que no se podía hacer en coche, con un autobús que recorre todos los puntos de interés del parque de forma gratuita y cada 15 minutos , lo tienen montado muy bien para que no te haga falta mover el coche por el parque, da gusto.

Carretera...y a seguir, por la famosa ruta 66 un rato , sólo un ratito, toca desviarse un poco para ir al desierto otra vez más , Joshua Tree y sus cactus esperan. Son las 20 horas y el coche marca 30 grados, la noche promete.

viernes, 21 de octubre de 2016

Del desierto a tierra de nativos

Resumo Death Valley en una palabra, ACOJONANTE. Creo que cualquier otra definición que intente se quedará muy corta. Impresiona la rudeza del clima, la tierra tan árida, remolinos de polvo, escasa o nula vegetación y carreteras que se convierten en caminos de tierra con avisos constantes de inundaciones repentinas. En cuanto comienzas a adentrarte en este desierto empiezas a comprobar sus maravillas, sus animales adaptados de una manera maravillosa, su flora resistente a sequías terribles, e incluso un lago lleno de peces adaptados a un agua más salada que cualquier otra debido a su estado por debajo del nivel del mar. Puedes ver restos de antiguos asentamientos mineros abandonados que te dan una idea de lo dura que podía ser aquella vida en ese lugar, también hay numerosos pueblos abandonados de los que ya solo quedan unas cuantas ruinas, alguna todavía en pie. Death Valley es lo más parecido a Marte que puedo imaginar. Procura entrar con el depósito de gasolina lleno y bastante agua, no encontrarás ninguna gasolinera o tienda durante muchos kilómetros, aunque siempre puedes echar mano de los muchos turistas que pasan siempre que no vayas a zonas muy alejadas de las principales rutas. Cuidado con las serpientes y los escorpiones.
Una vez fuera de Death Valley sigues en el puñetero desierto, aunque con gasolineras y muchos casinos, bienvenido a Nevada! Y como me va la marcha, prefiero coger carreteras con encanto, así que prefiero ir por la zona del Área 51 por si se escapa algún UFO o veo a algún alien que se ha escapado de alguna mesa de operaciones, pero no hay suerte, llego a Las Vegas sin abduciomes, ni sondas anales, ni aliens... eso sí , con una camiseta molona del Area 51 Alien Center, que es un bar de carretera un poco friki.
Welcome to Las Vegas! O como digo yo "el mayor parque de atracciones para adultos del mundo". Y es que es eso, todo luces, pantallas anunciando espectáculos de todo tipo, gente bebiendo por la calle y fumando como si no hubiera un mañana (choca porque es el único sitio de USA donde lo he visto), que si tarjetas de prostitutas, servicios de limusinas, chicos y chicas exuberantes con los que hacerse fotos, casinos, más casinos y muchos más casinos, pero también mucha gente tirada en la calle pidiendo, aunque no sé todavía si para jugar, beber o comer, no lo tengo claro. Y es que así es Las Vegas, un sitio donde uno pasea para ver los casinos por dentro, comprar en tiendas de todo tipo, ir de bar en bar y buscar espectáculos a los que asistir por la noche a mitad de precio en los diferentes kioskos que se anuncian. Que si el volcán del Mirage, la montaña rusa del New York New York, las góndolas del Venetian o las fuentes del Bellagio, y muchos más de los importantes en el famoso Strip de Las Vegas. Impresiona todo mucho porque es a lo grande, muy bizarro. Conseguimos una habitación en el Excalibur por 50€ y había que probar, eso sí en una planta 17 para poder observar bien la ciudad desde lo alto, y es que la habitación daba justo al Strip.
Después de paseos por el bulevar para arriba y para abajo, de día y de noche, y haber jugado como un ludópata perdido la nada despreciable cantidad de un dollar, toca cambiar de aires o terminaré echándome a perder más si cabe.
Rumbo hacia tierra de nativos, los indios americanos para más señas, pero pasando por Zion Park, es una pasada de sitios. Desearía poder estar mucho más tiempo para poder hacer rutas de senderismo, escalar o hacer acampada por aquí, son sitios increíbles. La tarde cae y nos coge en Marble Canyon, el verdadero comienzo del Grand Canyon, siendo una pasada por la zona de los indios navajos. El verde valle contrastando con las colinas de distintas tonalidades de rojo que hacen de la puesta de sol un espectáculo de color. Hora de descansar cerca de Antilope Canyon, la cosa promete.

martes, 18 de octubre de 2016

Del verde al amarillo

Amanece y, café en versión tanque en mano, toca partir desde las llanuras de granjeros, que piden el voto para Trump creyendo que arreglará sus problemas de agua, hasta el más caluroso y amarillento desierto de Mojave. Primero toca Yosemite, para obligatoria donde las haya, para ver su inmensa riqueza natural y presentar los respetos al Capitán, esa gran pared vertical de mas de dos mil metros de altura, todo un reto para los escaladores. Cuando estás debajo te sientes pequeño, muy pequeño, pero es que te sientes enano constantemente en este país, todo es enorme, a lo grande. Tierras de cultivo tan extensas que no llegas a ver el final, de viñedos, naranjales, manzanas, lo que se te ocurra.
Otro punto muy interesante es Glacier Point, aunque no busques hielo que no lo vas a encontrar, al menos de glaciar, pero sólo las Increíbles vistas de las montañas que lo rodean y el valle en su parte baja, merece mucho la pena. La siguiente visita era para Mammoth Lake pero con la carretera ya cortada, que sólo abren en época estival, se hace tremendamente complicado llegar allí teniendo que rodear el parque por la zona sur para luego subir, porque realmente son tres parques nacionales juntos, el pirulo es más que considerable y lo del culo carpeta iba a ser algo perenne para el resto de mi vida, no procedía, así ya tengo cosas que ver a la vuelta. El cambio de planes trae consigo improvisar, y ya que tenemos la annual pass para los parques nacionales ( sale por 80$ en lugar de pagar 30$ cada vez que entres a uno, contando Yosemite, Secuoya, Death Valley y Gran Cañón), pues a bajar a Secuoya para ver estos increíbles monstruos de la naturaleza tan enormes. La verdad es que los colores del otoño con tanta vegetación son espectaculares y tienes agua por todos lados, cascadas, torrentes, musgo goteando...

Después de mucha curva, y curva, y curva, y pasar con el coche por dentro de una secuoya muerta, y más curvas, por fin llegamos a las llanuras extensas con un paisaje bastante desértico, todo muy amarillo. Toca para en Mojave, repostar, pasar la noche y disfrutar de un viento del carajo que hay por aquí, porque no hay nada más que viento. Eso y trenes con convoyes interminables, he visto pasar uno con más de 70 contenedores (en el 70 me he cansado de contar).
Mañana Death Valley, espero volver... chan chan!

domingo, 16 de octubre de 2016

Sausalito y camino del sur

Mañana desapacible con previsión de temporal en la costa y no hay mejor ocurrencia que coger una bicicleta para un paseo de 30 kilómetros para ver el pueblo de Sausalito (al norte del Golden Gate) y la bahía donde se rodó la película de Tiburón. Sin coger una bicicleta desde hacía meses y sin haber dado un palo al agua en lo que a deporte se refiere, con dos pelotas y a lo loco. Allá que vamos, entre lloviznas, golpes de viento y algunos locos ciclistas equipados para el Tour de Francia (aquí se toman el deporte muy en serio, que se lo digan a Lance Armstrong). Hasta Sausalito muy bien todo, algunas subidas pronunciadas, unas vistas espectaculares de la bahía de San Francisco con el puente y Alcatraz de fondo, hasta un policía multando a un ciclista, creo que por exceso de velocidad (no es coña). El pueblo es muy turístico, bastante masificado en algunas zonas, sobre todo las comerciales, pero merece la pena echar un vistazo a sus rincones. Pero todavía queda un buen rato hasta Tiburón , así que toca seguir después de alguna parada fotográfica, pero el viento y el agua empiezan a arreciar, las piernas a cansarse de luchar con tanta cuesta e inclemencia. A lo lejos se puede ver un partido de sábado de fútbol americano entre chavales, con marcador electrónico, cheerleaders y toda esa parafernalia que tanto gusta, al otro lado, unos chavales dejan sus bicicletas a un lado para tratar de hacer kitesurf en una especie de laguna que se había montado. El tiempo iba de mal en peor.
Finalmente, la marcha es imposible de seguir, calados hasta los huesos, mochilas incluidas, cámaras de fotos, móviles y demás. Disyuntiva de tomar el camino de vuelta y coger ferry desde Sausalito, o continuar hasta el ferry de la bahía de Tiburón, Google maps resolvió la duda, volver a Sausalito era la mejor opción en tiempo.
Ya fuera de la tormenta que más que tormenta era vendaval, unos sabrosos nachos de maíz recién hechos, unos tacos y unas Coronas, arreglaron el frío y la humedad del cuerpo. Órale que ya sí que estaban los cuerpos listos para la vuelta. La tormenta iba derecha a San Francisco...



Después de la tormenta siempre llega la calma... pues no. Después de llover a mares toda la noche, amanece lloviendo otra vez, pero es hora de levantar el campamento, pillar un Mustang y empezar a darle a las millas... San José, Santa Cruz, Carmel... el tiempo no acompaña, algunos problemas técnicos tampoco pero no decae la cosa. Todas zonas de surf pero con un temporal... eso sí, la Misión de Carmel vista. Orgulloso estaría fray Junípero Serra, mallorquín que la lío parda allí montando un montón de misiones por toda la costa. Coño! Hasta Stevenson, el de la Isla del Tesoro (el que visité su casa y tumba en Samoa) estuvo allí un tiempo. Está claro que el destino me quiere decir algo.

En fin, hora de cerrar por hoy, el local de Wendy's no me va a esperar y el loco con el cuchillo de mi motel de carretera tampoco.

viernes, 14 de octubre de 2016

Cuestas y rock'n'chowder

Las nubes pasan muy rápido al estar en plena línea costera, la temperatura es suave y la humedad elevada, y menos mal, las cuestas arriba y abajo son interminables, pero no hay nada que no se pueda resolver con la magnífica 3 days visitor pass y el cable car maravilloso o los múltiples autobuses urbanos eléctricos o híbridos, cuya frecuencia es muy alta. Es extraño lo familiar que me resulta ya lciudad para el poco tiempo que llevo aquí, pero es de gente agradable y no percibo ese trasiego infernal de las grandes ciudades, aunque la zona financiera y alrededores es diferente. Curioso es el caso de esa zona, donde más dinero se maneja puedes encontrar calles aledañas repletas de vagabundos y yonkis, y no hablo de dos o tres, no, hablo de grupos de 20 personas en cada manzana, recogiendo colillas del suelo, o hablando a las nubes.
Visita relaja por algunos de los diversos parques de los que cuenta la ciudad, como el remanso de paz y actividades de todo tipo en Golden Park, o pasar por las nostálgicas calles del movimiento hippie en el barrio de Ashbury, donde se origino toda aquella filosofía de vida y que, ahora, sólo puedes encontrar un montón de pintadas en la pared, tiendas de ropa de segunda mano y tiendas para fumar marihuana. Pasear por china town es imprescindible en casi cualquier ciudad hoy en día, saborear su gastronomía y ver las tiendas repletas de horteradas con mucha luz y brillos, pero en esta ciudad es interesante, sobretodo, por las vistas desde algunas de sus calles que, al estar en alto, puedes observar muchos rincones de la ciudad, y una gran cantidad de grafitis coloridos.
Con el atardecer cayendo, si la cantidad de nubes lo permite, y cesa un poco la lluvia, una visita que no puede esperar es la se Alcatraz. Mítica por millones de historias truculentas pero más aún por haber vuelto loco a Capone, no me lo podía perder. Barco y en 15 minutos estaba pisando la penitenciaria más famosa del mundo, convertida hoy en Parque Natural (para lo que hemos quedado, hay que joderse). No pienso decir mucho sobre la visita, sólo diré que tenían tres comidas al día a cada cual mejor y las mejores vistas de toda la puñetera ciudad, la vuelta de noche en barco es de las más bonitas que se pueden ver.
Habiendo sido capaz de salir de Alcatraz sin mojarme, son que me llevasen las corrientes, ni me comiesen los tiburones, el hambre se apodera de mí y voy en busca del bar de sandwiches del tío Tommy, concretamente Tommy Joynt. No nos engañemos, aquí llaman sandwich a todo lo que está cubierto con pan, en mi pueblo eso es un jodido bocadillo de toda la vida. Pero este sitio, ademasde ser muy económico, tiene unos bocatas brutales, muy buena mierda, sí. Un sandwich de cerco en barcacoa con una salsa que se te va la olla, mayonesa con queso y tomate natural, que se me saltaban las lágrimas. Eso sí, con un vaso de agua fresquita, que me he pasado el día bebiendo cervezas y tocaba relajar. Lo bueno es que el agua te lo puedes servir tú de pequeños dispensadores que tienen junto a los vasos, agua con hielo y a veces con rodajas de limón.

Ya muerto de cansancio con tanta fuga del presidio y venga a comer y beber como si no hubiera un mañana, aunque la gente de aquí come mucho, joder, sólo hay ver los desayunos con las pilas de tortitas (he visto pizzas de tarradellas más pequeñas) que se meten para el cuerpo. En fin, que va siendo hora de soñar con las tortitas.

jueves, 13 de octubre de 2016

California Dream

 
Después de 14 horas de viaje, saliendo de casa a horas intempestivas para llegar al aeropuerto a las 4:30 de la madrugada (sí, no me he confundido en la hora), ya comienzo el sueño californiano desde San Franciso (San Paquito o San Patxi, para los amigos).
La temperatura acompaña, el cielo bastante despejado, dentro de la sempiterna neblina que dicen que acompaña siempre al tan famoso Golden Gate, y ganas de empezar la aventura. Esta vez ha sido un taxi en lugar de bus o tren, un asiático muy entrado en años con ganas de chapurrear para ver si cala de donde soy. Después de unos veinte minutos relatándome que el otro día llevó a un señor trajeado que lo único que decía era "quick, quick" y que tenía que parar sobre la "blue line", a lo que el asiático se negaba en rotundo porque ahí no se puede parar porque corta el tráfico de bicicletas y te multa la policía corriendo, pues finalmente, me hizo la pregunta clásica de "de dónde vienes?", lo típico de los pueblos "y tú de quién eres", por ubicarse un poco. Yo me apresuré a decir que era de España, español y mucho español, lo típico. Con la charla tan amena, llegamos a la puerta del hotel, uno pegado a un restaurante italiano donde los miércoles suelen actuar unos tipos que tocan jazz en directo. El hotel mola mucho, un estilo años 30, con mucha parafernalia de la época, rehabilitado pero ese encanto se baños con madera y azulejos blancos, espejos de marcos recargados, y esa elegancia obligada de aquellos tiempos.
Hora de dejar las cosas y salir a dar una vuelta para familiarizarse con el barrio, concretamente con el Fisherman's Dwarf, de lo más típico de San Francisco. Y es que es salir a la calle y encontrarse con los aromas de comida diversa, ese regusto por los perritos calientes, los rebozados y el fuerte olor del peperoni de las grasientas pizzas de un 7Eleven. Al final tanta historia para terminar tomando un perrito para cargar un poco las pilas y continuar andando, debe ser que las 4 veces que me han dado de comer en el avión fueron suficiente, KLM se pasa a llamar tus Kilos Los Multiplicas.
Obligado en cualquier sitio con mar, el puerto, con la suerte de tener la vista de lo más granado de la visita a esta ciudad, Alcatraz y el puente Golden Gate, hartos de verlos en mil películas. Cuidados no confundir el Golden Gate con el Puente de la Bahía, este de color blanco. La visión era de celuloide, sentado en un banco de madera en el muelle, perrito en mano atiborrado de ketchup y mostaza, mientras observaba en el horizonte la cárcel de Alcatraz y el mítico Golden Gate. Ese momento que todos tenemos grabado  en la cabeza en mil películas, sólo que ahora el perrito estaba en mi mano, no en una pantalla. Tras aquel momento, paseos y más paseos, cuesta arriba y cuesta abajo porque, otra cosa no, pero esta ciudad tiene más cuestas que granos de arena el Sáhara. Rincones chulos, rincones menos chulos, pero todo con ese aire de ciudad de baja altura y gran extensión, avenidas kilométricas perfectamente cuadriculadas, llenas de coches, autobuses eléctricos, bicis y los míticos cable cars (como tranvías pero van conectados con un sistema eléctrico enterrado).
Finalmente, llega la hora de cenar, el hot dog no daba para tanto, y termino en el parque temático-centro comercial-gastro restauración que es el muelle 39, repleto de tiendas, bares y restaurantes, hasta una tienda de objetos de magia llamada Houdini Shop, de todo. Y qué es lo que me llama la atención? Exacto, el Bubba Gump dedicado a la película de Forrest Gump, y es que en una anterior visita a NYC, hay uno en Time Square y me quedé con ganas de entrar a probar sus gambas crujientes rebozadas, ahora era mi oportunidad y así ha sido. No voy a decir si están buenas o malas, tendréis que probar vosotros, aunque sólo diré que repetiré.
De momento es lo que hay, mucho por visitar todavía, mucha cuesta que subir y grasa que saborear para equilibrar, no vayamos a tener un cuerpazo atlético
.

Buenos días para vosotros, buenas noches para mí.