domingo, 20 de diciembre de 2015

Un poco de Snorkel y kayak

Los días pasan aquí, lentos, tranquilos, paseando, un poco de kayak, un poco de playa y fiesta nocturna. Es el momento más relajado de todo el viaje que estoy realizando. Esto de parar en un mismo sitio, sin hacerse tantos kilómetros, la verdad, es de agradecer.
Me embarco en una excursión tempranito para ir con varios buceadores a hacer snorkel. Bueno, snorkel yo que no ando muy fino de oídos y no quiero luego tener que arrepentirme, pero el resto va a bucear. El día está bastante nublado, pero con la fresca mañanera, voy con Álvaro, Eva y Stefi al lío, aunque primero pasamos a comprar unos churros thais. Cierto es que están muy buenos, no tienen nada que envidiar a los de Madrid, aunque creo que debe ser el tiempo que llevo sin catar uno, reconozco que es una de mis debilidades, aunque me gusta más la porra. Estos están muy ricos y a un precio irrisorio en comparación con San Ginés, como casi todo por estos lares.
Después de un buen desayuno churrero, viene lo bueno, la hora de subirse al barco para snorkelar un poquito, vamos, toda la mañana. Tras cruzar 3 barcos hasta el nuestro, saltando de uno a otro por estribor, llegamos sin que nadie se caiga al agua, a esas horas intempestivas es fácil cualquier despiste, qué os voy a contar cuando seguro que cogéis el coche por la mañana con el piloto automático puesto. El barco es bastante nuevo, o por lo menos la apariencia es muy buena. Allí nos explican cómo va transcurrir la mañana, dónde podemos tomar té y café, algo de fruta, y lo más importante, dónde están los baños. Se recalca mucho cuál es la zona seca para que no entre la gente con los trajes empapando todo, que luego pasa lo que pasa y se pone todo perdido. La idea es ir a 3 o 4 zonas para bucear, según esté el mar en cada sitio, una de ellas es muy cerquita de la playa de la película de Di Caprio, La Playa, Maya Bay. Yo voy por libre, soy snorkeliano!
La mañana pasa entre chapuzones y viendo un montón de fauna marina, de hecho llego a ver cuatro tiburones de arrecife, aunque lo mismo fueron dos que me pasaron varias veces, no lo tengo muy claro pero me quedo con el número cuatro, me hace ilusión porque no había visto nunca antes, no había coincidido, no sé. Me cruzo en algunos momentos con los buceadores, que me saludan desde unos cuantos metros más abajo. Nos dan de comer un poquito de pad thai en el barco, algo de fruta, y vuelta para el puerto.
Al final hemos echado la mañana y son casi las dos de la tarde cuando llegamos a puerto. Ya han llegado a la playa todos los barcos rápidos desde Phuket, Krabi y alrededores, cargados de turistas y el puerto es un hervidero. A esas horas comienzan a replegarse y se marchan de vuelta a los sitios desde los que vinieron. Sólo hacen falta un par de días para tenerles pillados los horarios, operan a diario. Las tardes se quedan muy tranquilas en el puerto, pero después de irse tanto turista, es un poco aglomeración.
Volviendo a nuestras habitaciones para descansar un poco, Eva, Álvaro, Stefi y yo, comentamos de alquilar un par de kayaks e irnos a ver alguna de las playas de nuestra isla, así que aprovechando que la marea está todavía un poco alta, cogemos los kayaks y nos ponemos manos a la obra.
Llegamos a la playa de Loh Lanna Bay, con algunas dificultades porque la marea está bajando y las rocas asoman ya un poco, algún que otro rozón se lleva el kayak pero alcanzamos la arena sin muchas dificultades. Unos a descansar y otros a ponerse las gafas de buceo y a seguir disfrutando de la vida marina en el arrecife, y por qué no, hacerme unos cortes en la planta del pie por no ir con cuidado con el coral, nada serio pero escuece bastante.
Estamos un rato, tampoco mucho tiempo. La playa se ha vaciado y estamos nosotros cuatro y un par de botes, así que decidimos que es hora de largarse porque la marea está ya demasiado baja. Nos ponemos a sacar los kayaks de la arena y la cosa está bastante complicada ya, no hay mucho hueco para salir sin rocas y toca pisar con mucho cuidado por ellas. Álvaro y Eva salen sin mucho problema, pero Stefi y yo tenemos más qué problemas. A mí me molesta bastante el tema del pie y me las veo y deseo para avanzar entre las rocas, mientras Stefi es capaz de sacar el kayak de las rocas y, a pesar de haber salido, hace un intento por esperarme, pero las olas terminan por lanzarla de nuevo sobre las rocas, la cosa se pone cada vez más fea porque la marea ha bajado más y el oleaje es más fuerte. Stefi consigue remontar el kayak de nuevo y me acerco un poco, según se acerca, consigo subirme de un salto que casi vuelco el kayak del ímpetu, pero al menos salimos de la zona rocosa y podemos palear con cierta facilidad. Nos ha llevado un rato, sobre todo por lo torpe que he estado, pero tengo que decir en mi defensa que el pie me escuece horrores por los cortes.
Nos lleva un ratito llegar a nuestra playa para dejar los kayaks, la marea ha bajado tanto que tenemos que dejarlos abandonados y volver andando al chiringuito donde lo hemos alquilado para decir a los thai dónde están, además de pagarlos, claro. Están acostumbrados a que la gente haga el canelo con la marea y tienen un carrito para ir a buscarlos, tontos no son, no.
Toca relajarse un poquito después de la aventura marina, que luego hay que salir a cenar y siempre terminamos por liarnos entre unas cervezas y otras.
Las noches se hacen especiales aquí. Salir con la gente a cenar, terminas por juntarte con ocho o diez personas para comer unas pizzas, hamburguesas o cualquier cosa que no sea comida thai, porque al final sale más barata la comida occidental, imagino que por el tema turismo. Muchas risas durante las cenas, alguna que otra cerveza y muy buen ambiente, luego remantando con algún bucket, música con billar o juegos de mesa, para terminar en el Bananas y la playa, si al día siguiente no hay madrugón por trabajo o quehaceres. Te sientes como en una pequeña gran familia, hay un ambiente que enamora.

Me gustaría dedicar esta entrada a toda esa gente que me ha acogido en estos días y ha hecho de este tiempo algo tan especial, muy buena gente, como Stefi, Manuel, David, Julie, Maca, Jesse, Fanny, Musimusi, Lucía, y muchos más... muchas gracias.




viernes, 11 de diciembre de 2015

Phi-Phi y la fiesta

Llega el día de ir a Koh Phi Phi, que muchos conocen el nombre gracias a la archiconocida película de La Playa de Di Caprio (yo no la he visto, ni ganas que tengo). Bajo a la recepción de hostel y me pongo a hablar con mi querida señora, mientras me dice que el transfer que me recogerá para llevarme al ferry, llegará a la hora. Sigo esperando y veo que no llega, la hora del ferry se acerca peligrosamente y allí no aparece nada que se le parezca, continúo hablando con la mujer y vuelve a llamar para ver qué pasa con la furgo. Los minutos pasan y me empiezo a poner ya algo nervioso porque a falta de 10 minutos de salir el ferry, sigo sentado charlando. Finalmente, aparece una furgoneta diciendo que es el transfer, a falta de cinco minutos para que parta el ferry según el horario. Me despido de la mujer y me largo corriendo con el conductor que parece poco estresado. Llegamos a la puerta de otro hostel y montan tres personas más a las que pregunto si van a coger el mismo ferry que yo, resulta que van a coger otro diferente y el muelle no es el mismo. Le digo al conductor que ya es la hora de mi ferry y ni me dirige la palabra, como si no fuera con él la cosa. Recogemos a otra pareja en otro hostel, miro el reloj y veo que es la hora de partida de mi ferry, así que no me da por otra cosa que reírme y decir al resto de la gente que casi me voy con ellos porque ya no llego ni por asomo. Mientras el conductor ya va acelerado con la furgo, creo que podría hacer pole en cualquier circuito de F1. Llegamos al primer muelle y se baja todo el mundo, mientras me quedo sentado descojonado de risa, la gente, muy amable, me dan casi el pésame y me dicen que suerte con el viaje. Se monta el conductor a toda prisa y se pone a hablar por el móvil con alguien dando muchas voces mientras conduce, finalmente cuelga y termina dando un grito y dos puñetazos al volante. Ya han pasado 10 minutos desde que el ferry ha partido, llegamos al muelle y me grita que corra. Llego al interior de la terminal y voy a cambiar el ticket de la reserva por mi billete y me dicen que no corra que todavía no ha llegado el barco en el que tengo que partir, que va con mucho retraso, así que tengo una mezcla entre cabreo, alivio y descojone, pero esto es Tailandia, así funcionan las cosas aquí. La sincronización suiza se habría suicidado varias veces ya.
Después de casi una hora y media de retraso, aparece el barco y abren la puerta para embarcar. Esperando a que desembarque primero toda la gente que hay dentro, la gente se agolpa en el muelle como si fueran a quedarse sin sitio y les tocara ir colgados de los neumáticos. A veces me cuesta ver la diferencia entre los trenes de India y este tipo de cosas de los occidentales, sin diferenciar entre países, que tan civilizados nos creemos hasta que toca "sentarse". Me retiro un poco para ver la cómica escena y, después de casi 30 minutos saliendo gente del barco (parecía el típico 600 lleno de payasos que no paran de salir), por fin empezamos a embarcar. Tiro la mochila donde deja todo el mundo las maletas y me siento al fondo, con los cascos puestos y dispuesto a dormitar un rato. Espero que no se convierta aquello en el barco de las potas como pasó en la Gran Barrera de Coral, allí no hay bolsas de papel.

Cuando abro un ojo parece que ya estamos llegando, no tiene pinta de que haya habido una crisis de vómitos, cosa de agradecer porque el olor ya era de por sí, digamos que, complicado. Ya en Phi Phi, con muchas ganas de ver a mi Stefi, que está trabajando como instructora de buceo en un centro de buceo de la isla, así que si vais por allí, directamente a verla que es una crack y mejor persona. Total, que como está trabajando, me voy con mi petate en busca del centro de buceo que, total, la isla no es muy grande y no me va a llevar mucho tiempo dar con ello, de hecho en menos de 20 minutos estaba allí con ella, con un hambre atroz pero contento por haber llegado. Después de tiempo por ahí dando vueltas solo, es una sensación indescriptible encontrarte con un amigo, debe ser algo como que se te aparezca la virgen y te diga lo de construir una iglesia allí mismo, digo yo, no sé. Total, que de pronto me sentí como en casa. Me acompaña al sitio donde se aloja ella para que me den una habitación. El sitio está muy bien, en la otra playa grande de la isla, con una imagen muy chula de toda la playa, con los garitos nocturnos al fondo a lo lejos, esos que más tarde se escucharán por el rebote del sonido en el agua de la bahía, nada que no se pueda arreglar con... si no puedes con el enemigo, únete a él y vete de fiesta.

Llega la noche y nos vamos a celebrar que he llegado sano y salvo, la palabra clave es bucket, es lo que debe saber cualquiera que va a Phi Phi a pasar un tiempo, le puede salvar la vida. Stefi me presenta a un montonazo de gente, casi todos instructores de buceo de un montón de nacionalidades que están en la isla, todos muy majetes. La noche promete, las risas aseguradas. Me esperan unos cuantos días en Phi Phi, ¿nos lo tomaremos con calma?

domingo, 6 de diciembre de 2015

Krabi y largas charlas

Paso de Camboya a Krabi, no sin antes tener problemas en la facturación del equipaje. Me confundí al escoger la fecha del billete para Krabi y tuve que estar buscando en Air Asia para poder cambiarlo, no lo tienen nada fácil. Pensaba que estaba todo hecho hasta que llego al mostrador de facturación y me dicen que tengo que pagar un extra por facturar la mochila. Después de discutir un rato con el tipo, acepto pagar ese extra y me pasan al mostrador de al lado para no demorar mucho la cola. Viene otro tipo y se pone a teclear en el ordenador mientras le cuento la batalla del cambio de fecha del billete y que no entiendo qué ocurre puesto que escogí una maleta para facturar al seleccionar el billete. Estoy 20 minutos esperando, mientras el hombre llama como 10 veces por teléfono a gente y habla con ellos en camboyano, no entiendo nada de lo que pasa. Finalmente, me dice que está todo resuelto, que no tengo que pagar nada y me da los billetes. Ha habido un fallo en su sistema al cambiar la fecha, sólo cogió mi nombre y el cambio de fecha, ningún otro dato de los seleccionados que yo había escogido. Así que cabreado como una mona, le digo que por un problema suyo no me pueden tener allí esperando tanto tiempo y pidiendo dinero de primeras, son de datáfono fácil. El hombre se vuelve a disculpar y me indica dónde está el control para pasar a la puerta de embarque (vamos, un que te den de forma elegante). El resto del vuelo es sin incidente alguno, al menos hasta que llego a Krabi. Como era un vuelo internacional y tuve que hacer escala en Bangkok, llego a la terminal de vuelos domésticos y tras esperar 30 minutos a las maletas, por fin alguien me indica que las maletas de la gente que veníamos de Bangkok (2 parejas y yo), tenemos nuestras maletas en la terminal de internacional. Nos ponen un autobús para llegar a dicha terminal y por fin recojo la mochila, sólo he necesitado 50 minutos.
En fin, después de otra experiencia más con los aviones y aeropuertos, por fin llego a Krabi, a un pequeño hostel regentado por una mujer de unos 60 años, tailandesa, que debe tener pocas visitas y me coge por banda y se pone a contarme un montón de cosas sobre Krabi, sobre su vida y demás, hasta que le digo que si me deja que me pegue una ducha y luego hablamos, mucho mejor, estaba cansado después de toda la jarana aeroportuaria. Así que me subo para la habitación y directo a la ducha, por fin estoy en Tailandia tal y como quería.

Duchado y listo para cenar, bajo y me pongo a charlar un rato con la mujer tailandesa. Me recomienda un sitio donde ella suele ir para tomar pad thai porque le cuento que me flipa y que yo como en cualquier lado, no tengo problema. Después de un rato de animada charla y hacerme saber que ella es de Koh Phi Phi, mi siguiente destino, y que allí tiene a casi toda la familia, que son muy conocidos en la isla, salgo para buscar el sitio que me ha recomendado. No tardo en encontrarlo y me asomo para ver si no había nada parecido cerca y no me he equivocado con las señas. No veo ningún occidental, sólo un puñado de thais comiendo y charlando animadamente. Me mira la señora que está cortando los noodles y con gestos me pregunta que qué quiero y qué hago ahí. Simplemente le digo "pad thai" y me indica que entre, sin más. Veo una pequeña mesita y me siento a esperar. Hay una señora poniendo una especie de zumos con hielo y le pido una botella de agua en tailandés, todavía recuerdo cómo se pedía de cuando estuve en 2013. Al cabo de un rato, aparece un platazo enorme de pad thai. Qué ganas de comer aquello, por fin uno de mis platos favoritos. Me pongo como el kiko.

Ya cenado me pongo a pasear por el mercado nocturno, aquello me recuerda más a los típicos mercados de zonas de playa en España que a un mercado tailandés, está montado única y exclusivamente para turistas. Veo a una niña que debe tener unos 10 años (es complicado para mí acertar las edades de los thais, parecen todos más jóvenes de lo que son), vestida con el traje tradicional y haciendo bailes para los turistas, uno tras otro, es una imagen un tanto horrenda porque los padres están a un lado contando el dinero recogido de cada actuación suya. Sigo con mi paseo nocturno, me alejo un poco del mercadillo y termino descubriendo un templo budista, entro y me quedo un ratito en silencio, aprovecho que no hay nadie para pensar en mis cosas, qué bueno es disfrutar de esos momentos silenciosos. Nos parece que no existen pero cuando los encontrarmos, al menos yo, no puedo dejar de pararme un rato para saborearlos. Estamos demasiado acostumbrados a una vorágine diaria la cual no nos deja tiempo para nosotros, aunque pensemos que sí, mentira.

Llego al hostel y me encuentro de nuevo a la señora allí, así que me pongo a hablar con ella de nuevo, al final me cuenta tantas historias diferentes que engancha. Me saca unos bollos típicos de Krabi para que los pruebe y me ofrece un plátano, allí tienen siempre plátanos para regalar, facilidades de haber tanto bananero. Hablamos durante bastante tiempo y nos da casi la medianoche. Hemos comido pastas, bebido algo de té y he cogido el ticket del ferry para Phi Phi, el transfer para el muelle me recoge a las 9.30 de la mañana, pero yo quiero aprovechar, madrugar un poco para desayunar e irme a ver la ciudad con luz y el templo.

Fin del día en Krabi. Al final ha mejorado muy mucho la cosa para como había empezado con los aviones.

miércoles, 2 de diciembre de 2015

Amanecer en Angkor

Suena la alarma del móvil, son las 4 de la madrugada. Ahora mismo me estoy acordando muy mucho de la madre del tío del tuk-tuk. Me lo encontré en la puerta del hotel según llegaba de cenar, dije que le invitaba a una cerveza por el día tan bueno que pasamos viendo templos en Angkor y me dijo que me llevaba a un lugar de gente camboyana, que así me saldría más barata la invitación. Así que le hice caso y me dejé llevar. Terminamos en algo que parecía más bien un club de alterne, restaurante, karaoke, bar,... no sé muy bien cómo definirlo, pero sí que había chicas de compañía. Eso sí, ni rastro de occidentales, todo camboyanos. Total, nos sentamos en una mesa y pedimos unas cervezas. Se nos acercó un grupo de chicas para ver si queríamos compañía, a lo que cortésmente declinamos la invitación para seguir con nuestra animada conversación sobre la vida en Camboya, en España y en el mundo en general. Lo que iban a ser unas cervezas se convirtió en un cubo con varios trozos de pollo rebozado mojados en diferentes salsas, unas más picantes que otras. La noche discurría entre conversación, cervezas y pollo, hasta que por fin nos dimos cuenta que era casi medianoche y yo tenía que madrugar mucho para el amanecer. Pedimos la cuenta y, lo que iba a ser una invitación por mi parte, se convirtió casi en un pago a medias, yo no llevaba dólares suficientes para pagar (había salido con 15 y eran 18), así que el camboyano tuvo que aflojar su parte, pidiéndome disculpas porque al final nos habíamos venido arriba y la cuenta fue algo más elevada de lo esperado en un principio. Disculpas aceptadas, no pasa nada, son esas noches que siempre se quedarán grabadas en la memoria de uno. Cuántas noches puede uno recordar irse de cervezas con un camboyano a un antro y que toque pagar a pachas, "priceless".

Total, que son las 4am, tengo más sueño que vergüenza, me lavo la cara y saco fuerzas para coger la mochila y dirigirme a coger la bici para hacerme los 8 kilómetros a oscuras hasta Angkor. Despierto al de seguridad del aparcamiento que estaba durmiendo al raso, cojo la bici, enciendo un pequeño frontal que llevo y me pongo en marcha. He memorizado el recorrido porque sabía que no sería capaz de leer ningún cartel a esas horas, ya de por sí difíciles de encontrar en algunas calles. Según avanzo, me adentro en la avenida principal y empiezo a ver un par de tuktuks con turistas camino de Angkor, vamos todos a lo mismo, ver el amanecer allí. Me ayudo de las luces traseras rojas para guiarme, está realmente oscuro y lo único que hace mi frontal es atraer a todos los bichos volantes de la zona a mi cara, mejor cerrar la boca y casi los ojos. Paso por el control de seguridad enseñando el ticket que me hice el día anterior (lleva mi foto y todo) y sigo para Angkor Wat, todavía me quedan unos kilómetros. El calor es bastante fuerte pese a no haber salido el sol todavía. No puedo dejar de reírme al recordar a la gente del hotel diciéndome que a esas horas suele hacer fresco casi frío. Perdonad que me ría, 28 grados no son frío, al menos en mi pueblo.

Por fin llego a Angkor Wat, ato la bici a una valla y me dirijo al templo. La verdad es que somos pocos, pero al poco empieza a llegar mucha más gente. Mientras ya he cruzado la entrada y voy para la zona del pequeño estanque, la vista deseada por todo el que va porque con los primeros rayos, se refleja en el estanque la impresionante estampa de la fachada principal de Angkor Wat. Me quedo un poco retrasado porque hay mucha gente al borde del estanque, prefiero verlo desde atrás y no sentir que estoy en Preciados en plenas navidades, llamadme loco, pero creo que un sitio tan mágico y especial, se disfruta un poco más en silencio y no con el bullicio de turistas y vendedores.
Después de casi una hora, la luz empieza a despuntar y se puede ver nítidamente la figura del templo en el agua. Es un amanecer precioso en ese lugar tan especial, algo que se queda en la retina, lo sientes único. Para mí el espectáculo ya se ha terminado ahí y me dirijo a ver otros templos que seguramente estén vacíos en ese momento. Cojo la bici y me pongo en marcha, esta vez sin prisa y disfrutando de detalles de algún templo ya visitado, y deleitándome con algún templo sin visitar.

Me paso el día de templo en templo y cuando me quiero dar cuenta son las 3 de la tarde, llevo una tremenda sudada y calculando a ojo he recorrido casi 30 kilómetros, así que decido volver ya para el hotel, necesito una hora de piscina por lo menos para relajarme. Me pongo en marcha, todavía me esperan unos 10 kilómetros hasta el hotel y las fuerzas no son las del principio. Esa noche toca descansar y hacer mochila, al día siguiente salto para Tailandia y tengo que dejar todo preparado.

Ya he pasado un ratito en la piscina, devuelto la bici de alquiler y me he pegado una ducha relajante, y ahora me voy directamente para Pub Street, la mítica calle de la "fiesta" de Siem Reap, que no la vi el día anterior por razones "camboyanas". Cuando llegó allí no me gusta mucho, todo muy enfocado para el turista, concretamente el de borrachera fácil, así que me alejo un poco después del paseo y termino cenando en un indio, por cambiar un poco la dieta de estas últimas semanas. De ahí directamente a la cama, dando gracias por no encontrarme en la puerta del hotel al tío del tuktuk y que me volviera a liar.

Tailandia espera.

lunes, 30 de noviembre de 2015

Angkor y sentirse Indiana Jones

Llego a la ciudad de Siem Reap (Camboya), donde encuentro a pocos kilómetros la impresionante ciudad sagrada de Angkor, que alojó sucesivas capitales del imperio Jemer en las épocas de mayor esplendor. Es el enclave más turístico de toda Camboya y un paso obligado si visitas la zona, es la mayor concentración de templos que he visto en mi vida, algo que por mucho que te cuenten no aciertas a imaginar. La sensación de encontrarte allí, rodeado de ruinas tan antiguas (las primeras datan del 900 d.C.), más la sensación de respeto y religiosidad allí presente, hacen que sea mágico.
Llego allí en un tuk-tuk para recorrer las más lejanas, no sin antes pasar por la entrada principal para comprar la entrada de 3 días, te la piden prácticamente a la entrada de cualquier templo, entres por donde entres. El calor aprieta desde primera hora de la mañana y hordas de turistas llegados en autobús campan a sus anchas por los principales templos como Angkow Thom, Angkor Wat o Preah Khan. El tuk-tuk me lleva a ver Angkor Wat primeramente para luego dirigirnos a la zona más exterior, Banteay Srei. El momento en el que te encuentras frente a las puertas de Angkor, rodeado de todo aquello, es indescriptible. Es una imagen que has visto muchas veces en foto, de un sitio al que quieres deseas ir según ves aquella escena, y ahora soy yo el que está aquí delante. Flipando a cada paso que voy dando, descubriendo cada rincón de aquel templo, fijándome en cada detalle, cada escultura en la piedra, los textos de sánscrito grabados en las paredes,... podría pasarme el día entero allí pero quiero descubrir más templos, así que voy a buscar a mi tuk-tuk entre la vorágine de tuk-tuks, bicicletas, coches y autobuses.
Importante comprar agua, aunque por muy fría que me la dan, se calienta a los pocos minutos. Eso sí, no es que haya dejado mucho después del trago que le he metido. Son las 8.30 am y parece que lleva horas pegando el sol del calor que hace. Por fin encuentro al conductor de mi tuk-tuk y tiramos rumbo a los templos más alejados. Pasamos por un montón de pequeñas aldeas donde algunos niños que van al colegio nos saludan amablemente. Hacemos una parada en el museo de las minas antipersona. Es el museo de una organización que se dedica a quitar las minas sembradas por todo Camboya. La zona de los templos es relativamente segura, pero el resto del país es peligroso cuando te sales de los caminos trazados. Hay tal cantidad de zonas minadas sin marcar que todos los años mueren muchas personas o sufren algún tipo de discapacidad. Allí puedes ver el horror de las minas sembradas por todo el mundo, tipos de minas, países adheridos al tratado de no proliferación de minas y los que no, etc. El horror de las guerras muchos años después del fin de las mismas.
Llegamos a Banteay Srei por fin, un paseo muy agradable disfrutando de escenas típicas del campo camboyano. El tuk-tuk se queda a la puerta y me pongo a meterme por los rincones que veo,  Cuanto más ves, más quieres, es curioso.
El día va avanzando entre calores y templos, me siento un poco Indiana Jones cada vez que me meto por las ruinas, es impresionante todo lo que hay por descubrir detrás de cada esquina. Hay muchos que prácticamente no tienen gente, están casi desiertos, y otros son los que se llevan la gran atención del público, sobre todo los que están metidos en el mini-tour que le llaman, para los que viajan express y quieren ver exclusivamente lo que se considera más importante. Templos de todo tipo, con muchas estructuras diferentes aunque ornamentalmente son muy parecidos por ser consagrados a las mismas deidades hinduistas como Shivá o Vishnú, que fueron el origen de la construcción de las edificaciones, aunque luego se fue dando paso a multitud de figuras de Buda por ser el budismo la religión predominante en la zona. Hay que tener en cuenta que Angkor fue creada por comerciantes indios que pasaban por esa zona durante varias semanas en su trasiego de India a Camboya y su regreso.
Las luces del atardecer me sorprenden en el templo de Bayón, donde puedo maravillarme con los rayos del sol tocando las enormes caras esculpidas en la piedras de las altas torres que lo coronan. Creo que ninguna fotografía de las que pueda hacer, podrá reflejar lo que realmente se ve en persona en ese momento, es una sensación de completa paz, tranquilidad, como aislado del mundo a pesar de la cantidad enorme de personas visitando dicho templo.
Terminada ya la jornada, entre sudores, cientos de fotografías y un sinfín de escaleras que he subido y bajado en los templos, llego a Siem Reap para descansar un poco, alquilar una bici y disponerme a ver el amanecer del día siguiente, me han dicho que es una maravilla verlo desde el templo de Angkor Wat, donde se puede ver reflejado en un pequeño lago, parte de los edificios del mismo. Así que ya que estoy ahí, qué narices! vamos a pegarnos el madrugón para ver esa maravilla.

Bici lista, mochila preparada, cenado... a dormir que las 4 am llegan muy pronto.

jueves, 26 de noviembre de 2015

Cu Chi y el delta del Mekong


En plena selva, a unos 60 kilómetros de Saigón, encuentro Cu Chi. Tras pasar hordas de gente en la taquilla, voy para ver las recreaciones de la vida allí durante el conflicto, cómo cocinaban bajo tierra, trampas para capturar, herir o matar soldados enemigos, o métodos para estar a salvo se los animales peligrosos de la zona como las serpientes. También puedo ver la forma en la que reparaban y preparaban las armas, e incluso cómo reutilizaban para munición parte de las bombas y minas del enemigo, algún que otro tanque desvencijado. No soy muy bélico pero me resulta interesante desde el punto de vista de la capacidad del ser humano para adaptarse a cualquier situación por extrema que sea.

Antes de ir a la zona de los túneles, pruebo a disparar un fusil en un campo de tiro, concretamente un M16, curiosidad simplemente, tiene menos retroceso del que me esperaba. Tras probar un poco mi mala puntería voy a introducirme en uno de los túneles, el más cercano a la superficie. Tienen una red de túneles muy grande, con 3 niveles según la profundidad, estrechos y con muy poca altura, entre 70 y 50 centímetros, así que es bastante angosto. El primer túnel está modificado para que los occidentales podamos entrar más o menos bien, con varias salidas al exterior por si alguien siente claustrofobia. Me tengo que quitar la mochila de la espalda porque no entro con ella, sigo al guía lo más cerca que puedo porque demuestra lo rápido que un vietnamita puede ir y lo lentos que vamos nosotros, bastante más grandes que ellos y no acostumbrados a ese calor tan húmedo. El frontal que llevo en mi cabeza resulta muy útil en algunos momentos donde la precaria luz del guía desaparece entre curvas. Por fin salimos a la superficie. Estoy como si me hubiera metido en la ducha vestido, chorreando sudor por todos los poros y con las piernas todavía cargadas de ir agachado. Sale el resto del grupo del túnel y vamos a uno todavía más estrecho y profundo, aunque esta vez bajamos sólo a comprobar las medidas y el calor. Bastante más bajito y con mucho más calor. Interesante sitio para ver cómo pudieron subsistir así durante toda la guerra, nada recomendable.

Algo más descansado y menos sudoroso, me dirijo para la zona del famoso delta del Mekong. El río se abre tanto que veo pasar barcos enormes, muchos. Me comentan que el tono marrón del agua no es por suciedad sino por los sedimentos de la tierra que lleva, y comprendo que se refiera a eso, pero la cantidad de plásticos que veo flotando en el agua, no me dejan del todo convencido sobre la limpieza del río. Isla Tortuga, Unicornio… algunos nombres de islotes dentro del mismo delta, aunque sin duda el más grande es Unicornio, donde voy en un barco. En el embarcadero encuentro algunos locales refrescándose un poco en el agua, sigo dudando de la limpieza. Me cuentan una historia que no sé si será cierta, suena un poco ridícula. Es algo como que mandan a estudiar fuera a los estudiantes para adquirir conocimientos, y al volver durante las vacaciones, muchos de ellos se ahogan en el río por las corrientes y su poca pericia nadando, así que últimamente les han prohibido bañarse para evitar más muertes, no dejan de ser una especie de inversión para las aldeas allí establecidas.

Lo cierto es que no tienen gran cosa dentro del islote. Alguna pequeña empresa artesana de caramelos hechos con aceite de coco, miel, algo textil o paseos por los canales interiores en barcazas para los turistas. Disfrutar del entorno y recrearse con el colorido de la zona, eso y mucho calor, allí no corre mucho el aire por la vegetación.

Ya tengo una idea de la vida en el delta, así que enfilo mi camino para Camboya, Siem Reap espera.

lunes, 23 de noviembre de 2015

Ho Chi Minh city


La ciudad de Ho Chi Minh, anteriormente conocida por Saigón. Tenía ganas de venir a esta ciudad por ser tan mítica durante la Guerra de Vietnam, tantas veces recreada en películas, odiada y venerada. Por lo pronto veo que es un caos pero muy diferente de Hanoi, todo mucho más ordenado, muchas avenidas anchas con amplias aceras y todo bastante más limpio (lo que se considera limpio por aquí). Se ve una ciudad asiática pero muy occidentalizada, sin perder sus señas de identidad. Calles abarrotadas de motos, autobuses, turistas mezclados con locales, mercadillos, olor a comida por cualquier rincón, sus cafés. De hecho, también puedo comprobar el cambio de carácter respeto al norte, aquí se ve más abierta a la gente. Paseo por un parque cerca del Mercado de Tiem Banh y se me acerca un grupo de estudiantes para charlar, dicen que quieren saber de dónde soy, a lo que me dedico, cómo es la vida en mi ciudad y que comente las diferencias que veo entre su manera de vivir y la mía. Es muy instructivo poder intercambiar información de este tipo con la gente cuando viajas, es una manera fácil y directa de aprender muchas cosas.

Estoy cerca de una de las calles principales para los turistas, desde aquí salen numerosos autobuses para Camboya, Laos e incluso Tailandia. Está plagado de agencias de viaje donde contratar excursiones, billetes de bus, avión, barco, actividades de todo tipo. Empiezo a darme cuenta que el exotismo de oriente ha pasado a ser una máquina de hacer dinero y saben explotarlo. Según he ido recorriendo kilómetros por aquí, veo claro lo difícil que es salirse del circuito turístico comercial e ir por tu cuenta. Prácticamente no hay carteles en la carretera que te indiquen direcciones, los pocos que hay están en vietnamita. Para coger transporte pasa lo mismo, es bastante complicado sin conocer el idioma. Hasta las cartas de los sitios para comer, fuera de las zonas turísticas de las ciudades, están en el idioma local, y ellos tampoco se hacen por entender mucho. Es algo que he ido comentando con gente que me he cruzado por el camino y, casi todos, estamos de acuerdo en que ven al turista como ganado y, como tal, así lo trata. En ese sentido tengo que decir que estoy algo desencantado con Vietnam, aunque el trato con la gente tampoco ha sido el más cordial, son bastante rudos en las formas en general, a veces creo que ven al extranjero como enemigo, no sé si por la guerra, está relativamente reciente presente todavía en gran parte de la población, sobre todo edades de 50-60 años, la juventud es como en otros sitios, enganchada al móvil y con ganas de fiesta.

La idea es visitar Cu Chi para ver los túneles donde se refugiaba el vietcong durante los ataques americanos, y poder ver de cerca la vida en el Delta del Río Mekong. De momento toca seguir disfrutando de este ca phe sua da, lo que viene siendo un café con leche con hielo, que lo preparan de muerte.

domingo, 22 de noviembre de 2015

La cultura y sus ruinas


Me dispongo a recorrer las ruinas de My Son, una zona en la selva descubierta relativamente hace poco que sufrió muchos daños durante la Guerra de Vietnam, allí se posicionó un tiempo el vietcong y los americanos bombardearon durante mucho tiempo todo esa área.

Voy con guía, un ex militar reconvertido que explica que su padre perteneció al vietcong y estuvo allí durante la guerra, pero por suerte pudo volver con vida, y él nació al poco de regresar. Nos comenta que esa zona está plagada de minas y que hay zonas cerradas al público, no es seguro moverse solo por la selva, pero que poco a poco están limpiando toda la zona, es una labor tediosa y lenta puesto que aunque las localicen, con las lluvias pueden desplazarse de lugar, lo que no hace sencilla la labor de desactivación.

El recorrido es precioso, poder imaginar cómo era aquello en su época más esplendorosa es increíble, con un sinfín de gentes de ir y venir de los templos, plagado de mercaderes y gente rondando a los visitantes. Me fijo en que todas las estatuas tienen la cabeza cortada y, resulta que, fue una especie de afrenta de los franceses cuando llegaron a la zona contra la religión de los locales y también un expolio encubierto, porque hoy en día se pueden ver las cabezas en el Museo del Louvre. Cortaron todas excepto una que olvidaron, que muestra con orgullo nuestro guía. Actualmente están tratando de reparar las ruinas en una colaboración conjunta con franceses e italianos. Es curioso ver cómo las reconstrucciones anteriores están prácticamente oscuras por el moho, mientras que los ladrillos originales siguen en casi perfecto estado. La diferencia es porque los originales utilizaban una argamasa con resina natural de los árboles de los alrededores, y los más modernos utilizaban cemento, hasta que por fin se han dado cuenta del error y tras investigar un tiempo, dieron con la fórmula de los antiguos para restaurar como lo hacían en la antigüedad.

El paseo por la selva visitando templos es interesante, también cansado y con un calor agotador, ese clima que parece que vives en una sauna constante. Menos mal que la vuelta es en barco y corre un poco más el aire, así también puedo ver el puerto de Hoy An de día, con sus embarcaciones pesqueras tan curiosas con unos grandes ojos pintados en la proa que, según los locales, es para dar miedo y poder ver bien el camino.

Aprovecho para visitar el famoso puente cerrado y disfrutar del activo mercado, donde están todos los productos frescos del día. De hecho, el pescado es tan fresco que puedes encontrar a alguna señora recogiendo alguno del suelo por haber saltado del cubo con agua donde estaba. Salir de la masificación y ajetreo de Hanoi está genial.

jueves, 19 de noviembre de 2015

Saliendo de la gran urbe


Después de unos días breando con millones de motocicletas, sigo sano y salvo, así que decido moverme a una zona rural, seguro que allí la cosa cambia un poco, espero.

El caso es que llego a Danang en avión y me dirijo a Hoi An en taxi porque están muy cerquita. El cambio es enorme, sigue habiendo mucha moto pero ni punto de comparación con Hanoi, el ritmo parce mucho más tranquilo. Según me acerco a mi destino, comienzo a ver mucho turista en bicicleta, incluso en moto. Cuando llego puedo comprobar que es una ciudad enfocada al turista, llena de sastrerías donde te puedes hacer un traje o vestido hecho a medida por un precio muy bajo de lo que acostumbramos a pagar. Respeto a la gente que lo hace pero, sinceramente, no es el souvenir o recuerdo que me quisiera llevar de Vietnam , me parece un tanto ostentoso y ridículo. Pero repito, respeto.

La zona del puerto parece de película, sobre todo por la noche, iluminando los rincones con sus farolillos típicos, su puente y sus barcas navegando el tranquilo rio mientras la gente posa en el agua velas flotantes encendidas. La imagen es idílica, con multitud de parejas  paseando en las barcazas. Noto un ambiente algo más relajado en el gesto de los vietnamitas de aquí, pero sin dejar ese toque arisco.

Aprovecharé para ir a My Son para ver los templos y a la vuelta ver el centro de Hoi An con luz, que me da que no será tan espectacular como las noches iluminadas.

 

martes, 17 de noviembre de 2015

De cultura, política y otras hierbas culinarias


La sensación del principio se va disipando lentamente según pasan los días y las experiencias con locales. Encontrar esa actitud marcial, con actitud ciertamente intimidatoria, de los guardias que custodian el recinto del Mausoleo de Ho Chi Minh, donde no sé por qué narices tratan todo el tiempo de tocármelas a mí. Sólo se dirigen a mí de toda la gente que me rodeaba, que si manos fuera de los bolsillos, que si las gafas de sol, que si la gorra,… y todo eso antes de entrar propiamente en el edificio, ahí entiendo que por respeto se debe, pero fuera? Están muy tontos. Yo lo achaco a que estoy rodeado de vietnamitas y como soy el extranjero, se tienen que darme la matraca para que vean el resto lo rectos (y tocapelotas) que son. Bueno, es una visita que hay que hacer, pero no hay mucho que ver, simplemente ostentosidad del partido único, y la pagoda de un solo pie, que me parece más interesante.

Mi sensación es que choca mucho ese corte marcial comunista con la avidez que tienen para desplumar al turista si pueden, no es así como recordaba el comunismo. Hablando con gente local, se sienten orgullosos de su gobierno por ser comunista y mirar para el pueblo, lo que queda en entredicho cuando en las siguientes frases hablan de tener que pagar bajo cuerda al profesor de sus hijos en el colegio público, o dar propinas a médicos y enfermeros en los hospitales para ser atendidos con más rapidez. Entiendo que haya cierta corrupción, pero lo ven como algo normalizado y estipulado, lo que no casa bien con la filosofía comunista. Para colmo, a pocos metros del Mausoleo, puedes ver una tienda de ADIDAS y algunas que otras marcas.

Cosa que me llama mucho la atención es la cantidad de templos que veo por la ciudad. Otra vez no puedo ver clara la relación entre comunismo y religión, sea budista, hinduista o incluso cristiana. Empiezo a pensar que esto es más bien de cara a la galería. Mientras reflexiono aprovecho para dar un paseo por el lago Hoan Kiem y visitar su pagoda, es un entorno muy interesante, aunque está plagado de grupos de turistas. Muy cerquita del lago me asomo por teatro de marionetas de agua, es algo que quiero ver porque representan escenas de la vida rural vietnamita con música y cantos tradicionales.

Tengo que reconocer que me tiene fascinado la cocina vietnamita, voy probando cosas nuevas siempre que puedo. Sentarte con ellos en los banquitos en la calle, es una experiencia que no te puedes perder.

Rollitos de seafood y un banh bao…

lunes, 16 de noviembre de 2015

De día todo cambia


Amanece y puedo salir a ver el verdadera Hanoi. No negaré que la primera impresión es muy desconcertante. A pesar de haber estado ya en ciudades asiáticas como Bangkok, aquello me parece todavía más caos, desorden, locura. Miles de motos por todos lados, carretera, acera, entrando y saliendo de locales y negocios, las aceras plagadas de motos, suciedad, gente comiendo y todo tipo de puestos ambulantes. No sé muy bien por dónde empezar pero me quiero mover pronto, no me gusta la sensación de ser atropellado en mitad de una acera.

Según voy mirando el plano, gran cantidad de hombres recostados en las motos, se ofrecen para llevarme donde quiera, no paro de oír “motobaik se”, a lo que añado las vendedoras ambulantes de comida. Todo el mundo me quiere, o más bien mi dinero. Vaya con los comunistas, parece gustarles más el dinero de lo que esperaba.

Después de caminar por gran parte de la ciudad antigua de Hanoi, compruebo que no es algo particular de una zona más o menos turística, es algo generalizado. Eres una vaca a la que hay que ordeñar para sacarle la pasta, y no con un gesto muy agradable que digamos, el rictus es bastante serio, malhumorado en algunos casos diría yo, que para nada tiene que ver con el ánimo que experimenté con los tailandeses.

Pero no todo va a ser malo, eh? Que también me he cruzado con gente amable y simpática, pero los menos, lo digo como lo siento. Por suerte, he empezado a disfrutar de la gastronomía vietnamita y hace olvidar todo. Como me va la marcha, lo primero que he hecho ha sido meterme en un sitio donde sólo hay vietnamitas comiendo en pequeños banquetes de plástico, lo que parece ser pho, la típica sopa de Vietnam, pues allá que voy. Por señas (no habla nadie inglés aquí) me indican que coja un plato y me van echando un montón de cosas que le voy señalando a la señora, creo que me van a cobrar lo mismo eche lo que eche, así que me hago un variadito, que no se diga que no pruebo las cosas. En este caso no ha sido pho, ha sido arroz (com), con carne de pollo, pescado, verduras de varios tipos, cacahuetes, huevo y tofu. Pues semejante desmadre culinario está espectacularmente bueno. No pongo el precio porque me vais a correr a gorrazos (lo pongo en dongs para que los busquéis, total 45000 VND).

Según cae la tarde, cansado un poco ya de luchar con tanta gente, me retiro a descansar y a preparar un poco todo lo que quiero ver, incluyendo la excursión a la Bahía de Ha Long, debe ser impresionante.

Fuerte el choque de donde vengo y esto, pero muy interesante.

sábado, 14 de noviembre de 2015

Hànoi


Después de 15 horas de viaje con escala en Cantón, con unos guardias poco amables y un aeropuerto un tanto regulero, llego por fin a Ha Noi. Sí, Vietnam!
Llego de noche, casi a media noche, así que avisé al hotel donde me iba a alojar que me mandara un taxi o algo, el aeropuerto está bastante alejado (unos 40 minutos sin tráfico). Según salgo a la calle, empiezan los goterones y el bochorno, el clima de Vietnam. Me monto rápidamente en el coche y tarto de mantener una pequeña charla con el taxista para que me cuente un poco del tiempo de estos días y algunas curiosidades, pero su nivel de inglés es paupérrimo (el mío no es que sea mucho mejor pero lo llevo al día con el pase por Oceanía), así que hablamos del tiempo y de donde soy, a lo que viene la pregunta de Madrid o Barcelona, la respuesta de Madrid y la pregunta de Madrid o Atlético, la cual respondo con Atlético y me hace un gesto de bien que le gusta mucho. Así que Florentino, mucha gira asiática pero aquí gusta más el Atleti.
Cuando llegamos al hotel, tras haber pasado docenas de callejones a cada cual más oscuro y lleno de motos por todas partes, están dos personas durmiendo dentro en el suelo con la luz apagada, al primer toque se levantan corriendo, me hacen pasar, me dan la llave, cogen mi pasaporte y que mañana arreglaremos el mundo.
Duchita para quitar la tremenda sudada y a dormir. Mi cena serán unos kitkat que me sobraron de los que compré en Cantón y un poco de agua. No es muy equilibrado, así que no lo hagáis en casa, niños.

viernes, 13 de noviembre de 2015

Sabor cosmopolita


Los días discurren entre aguaceros y algo de sol, aunque no se deja ver mucho. Ya me advirtieron dos suecas de mediana edad que conocí en la Gran Barrera, decían que Sydney les gustaba mucho pero que llovía con frecuencia y la hacía un poco menos vistosa. El sólo hecho de pasear por sus calles te indica rápidamente su pulso, las nacionalidades tan diferentes que se citan allí, y ese porte de urbe moderna, haciendo perder un poco la identidad de lo que supongo que fue en su día, llena de cadenas de ropa, alimentación, centros comerciales, rascacielos, edificios acristalados, etc. Es algo que hace que cualquier gran ciudad se parezca a otras, siempre mirando a Nueva York como espejo, evidentemente.

Pasear por Circular Quay tiene ese aire de ciudades con mar, el tránsito de ferris como si de autobuses se tratara, que para los que somos de secano nos hace ilusión coger alguno aunque sea para cruzar a la otra orilla. Cruzar el famoso puente y poder disfrutar del Opera House, siempre que los trasatlánticos de turistas atracados lo permitan, son enormes algunos se los que se ven. Cuando te acercas al archiconocido edificio, ves que no es tan blanco como creías y es más marfil. Los azulejos delatan cuando te aproximas a tocarlos. Es curioso tener edificios como este o la ópera de Oslo y que puedas recorrerlos por fuera, tocando su belleza, viviendo sus aristas, ya que no tenemos cerca edificaciones de esas características porque son mucho más antiguas en nuestra España y, por lo tanto, se arquitecta menos accesible.

Después de disfrutar un poquito del sol, la brisa y de la arquitectura, toca darse una vuelta por el Real Jardín Botánico, donde podemos unirnos a una visita guiada con un aborigen para que nos detalle las plantas que se han utilizado (y todavía utilizan) para medicina tradicional, comidas, confeccionar tejidos, etc. También podemos tener otra vista interesante del edificio de la ópera con el puente de fondo, y si cogemos ya la luz del atardecer… de postal. Aviso que hay cacatúas sueltas, muchas, y organizan una escandalera por algunas zonas que parece la selva.

Disfrutar de The Rocks paseando, o ir al Chinese Garden of Frienship y tener un remanso de paz en mitad de Chinatown, descubrir Thaitown o Koreatown, visitar el acuario para disfrutar de todas las especies que tienen allí, ir al Luna Park y entrar por su gran boca que nos da la bienvenida,…

Hay muchas playas bonitas rodeando la ciudad y, como no podía ser de otra manera, hay que ir a una, en este caso la de Bondi, por cercanía, porque ahora llueve bastante y no voy a bañarme, y por el surf, donde suele haber algún que otro surfista independientemente del tiempo que haga. Allí me planto en un viaje cortito de bus y veo los primeros surfistas, pocos la verdad, supongo que por la lluvia y porque se está celebrando la Melbourne Cup, un evento de carreras de caballos donde la gente se pone de punta en blanco para ver en bares y restaurantes las carreras, hacer grandes apuestas y ponerse borrachos como piojo. A las 3 de la tarde puedes ver a señoritas enfundadas en trajes apretados, con tocados como los de Ascott y haciendo eses por la calle, cuando te cruzas con una te sonríe haciendo ese gesto típico de no voy pedo pero se me nota por forzar, muy gracioso.

Total, lluvia y playa, toca volver al centro a cenar algo, buscar unos regalos (todo el mundo pide UGGs cuando saben que vas a Australia, como si fueran gratis) y preparar mochilas, Asia espera.

jueves, 12 de noviembre de 2015

Ciudad mítica, Sydney


Tras unos días maravillosos en Cairns, toca despedirse de la Gran Barrera de Coral lloviendo para ir al encuentro de Sydney, esa ciudad que siempre sale en el telediario como primera referencia de la celebración del Año Nuevo, o por el archifamoso conocido edificio de la ópera.

Llegada perfecta, el día espera con nubes y claros, y dispuesto a coger el tren para ir al hotel, situado en la Central Station. Como me había enterado del tema de los transportes por una conversación en el hostel de Cairns, fui directamente a por una Opal Card, que es la tarjeta de transporte por excelencia , la cual puedes recargar cuando quieras y es válida para trenes, buses y ferries, es muy práctica.
Primera parada en Sydney, Chinatown! La ciudad está llena de asiáticos pero Chinatown es otro mundo. Todo olores, mucho caos y un ir y venir de gente con fardos, bolsas enormes y demás. La lluvia ha hecho acto de presencia pero no amedrenta las ganas de recorrer el barrio paraguas en mano. Con el hambre llamando a la puerta, creo que es hora de buscar algo, he visto unos dimsum con muy buena pinta. A reponer fuerzas y estudiar un poco el plano de la ciudad, es enorme y no dispongo de muchos días aquí por desgracia.

martes, 10 de noviembre de 2015

No todo va a ser mundo marino


Después de flipar con toda la vida marina de la Gran Barrera, por fin toca ver al animal típico australiano por excelencia, el canguro (el koala también vale, o el ornitorrinco, o el demonio de Tasmania, los dingos… joder la cantidad de ellos que hay!!). Como tampoco ando muy sobrado de tiempo, me dirijo a Kuranda, una villa muy cerquita de Cairns con un rainforest impresionante y una pequeña reserva de animales. La ida es en bus porque el tren turístico que pasa atravesando el bosque ya ha salido, lo bueno es que es más rápido y barato, pero hay que volverse en el tren para disfrutar del paisaje.

El viaje se hace cortito y rápidamente llegas a Kuranda, pudiendo haber disfrutado un poquito del bosque, ya que la carretera discurre por el Parque Natural. La emoción está servida cuando nada más entrar a la reserva veo una especie de lagarto de unos 30 centímetros corriendo por ahí, luego otro, y otro más. Pienso, joder con las lagartijas de Australia. Pues no eran parte de la reserva, están por todos lados, campando a sus anchas entre cocodrilos, canguros, koalas y demás. Toda la mañana disfrutando de los animales, e incluso acariciando a alguno de los canguros. Esos están acostumbrados a la gente y se dejan, no creo que sea lo habitual. Pero tengo que decir que ni koalas, ni canguros, ni siquiera cocodrilos, lo que más me enamoró fueron los wombats, tan regordetes, con una cara simpática que daban ganas de pegarlos un abrazo. Uno se siente tan cerca de los animales en Australia que es fácil entender un poco el carácter campestre de los australianos, es una verdadera pasada porque son animales totalmente distintos a los que estamos acostumbrados. Estamos hartos de ver vacas, perros, gatos, los que salimos al campo vemos alguno más como cabras montesas, águilas, serpientes, y no digamos los que van de monterías (cosa que no apruebo pero respeto), pero poco más, en cambio en Australia, con la fama de “cualquier animal te puede matar”, la cosa toma un cariz muy diferente. Estoy disfrutando mucho de esa cercanía a la naturaleza animal, hacía tiempo y lo echaba de menos, te hace sentir otro animal más, estoy como in niño pequeño con los descubrimientos.

Veremos qué será lo siguiente, no paro de asombrarme.

sábado, 7 de noviembre de 2015

El animal vivo más grande del mundo


Empiezas a tomar conciencia del tamaño de la Gran Barrera de Coral cuando observas desde el avión la cantidad de arrecifes que hay, con un color de agua tan intenso que no lo puedes creer. A veces se menciona como el animal vivo más grande del planeta, ya que puede ser vista desde el espacio, teniendo en cuenta que el coral es un ser vivo y está en constante crecimiento. Llegó el gran momento.

En el muelle principal de Cairns puedes encontrar multitud de empresas que te llevarán a ver algunos arrecifes, suelen ser un par de ellos por motivos de tiempo, ya que no son  barcos muy rápidos y está a una distancia considerable. Yo me decanté por los de Silver, ya que después de estar hablando con la gente del hostel, me dijeron que esta empresa te lleva a ver tres arrecifes porque disponen de un barco más rápido y, de hecho, van a otros diferentes. Así que me puse de acuerdo con ellos y me hicieron la reserva desde el mismo hostel, no tienes ni que desplazarte. Esta empresa daba comida y trajes completos de lycra para hacer snorkel (soy de oídos sensibles y siempre con mocos, así que nada de buceo),  importante a la hora de encontrar medusas en la zona, porque todos sabemos lo que hace una medusa, verdad? Venga, realmente no tenéis ni idea la mayoría porque no os han rozado nunca, sólo conocéis las historias que os han contado (a mí tampoco me han rozado nunca).

Pues después de aproximadamente un par de horas de barco, con más de medio pasaje fuera de juego por el oleaje (las bolsas de papel eran un artículo de primera necesidad), llegamos. He de reconocer que tuve un momento de mareo, pero se pasó rápido, hubo gente que se tumbó en el suelo para relajarse, fue bastante divertido.

Ya enfundado en el traje de lycra, sólo quedaba ponerse las gafas y a ver las profundidades oceánicas a lo Jacques Cousteau. Menuda maravilla ver tanta vida marina en tan poco espacio, tanto colorido, tanta tranquilidad y paz. Toda la gente buscaba a Nemo, y a mí lo que más gracia me hacía eran las almejas gigantes, que con sólo rozarlas se cerraban. Entre arrecife y arrecife, comimos algunas cosillas que había preparado la tripulación, estaba todo riquísimo y, la verdad, con tanto snorkel te entran unas ganas de comer que devoras.

Después de varias horas en los arrecifes, la vuelta se hizo muy cortita. Mucha gente repasando las fotos que habían hecho bajo el agua, comentando todas las especies diferentes vistas, etc. Esa noche tocó cenar de forma suculenta y con cerveza en mano, nos lo habíamos ganado.

Cocodrilos, gaviotas, pelícanos, la gran barrera, murciélagos que parecen Batman por su tamaño, etc. En poco tiempo he visto tantas especies diferentes que estoy flipando.
 

jueves, 5 de noviembre de 2015

La gran Australia


Pues eso mismo, Australia es tan grande que no voy nada más que a pisar un poco en este viaje, es otro viaje más. Me despido ya de mi querida Samoa y toda su gente, que es maravillosa y, si tienes un poco de pizza para compartir con ellos, creed que sacaréis divertidísimas historias y anécdotas.

Primera parada nada más y nada menos que en Cairns, tierra de cocodrilos y donde puedes visitar un poquito de la Gran Barrera de Coral. Algunos dicen que es el animal más grande del mundo y  se puede ver desde el espacio, yo de momento me quedo con un poco de snorkel porque los oídos no me dan para más, estos mocos me van a matar un día.

La llegada al aeropuerto de Cairns, en este caso al de vuelos domésticos, menuda odisea para llegar a Cairns desde Apia (Samoa), primero Sídney, donde pasé la frontera charlando de fútbol con el agente, en cuanto vio que era español, rápidamente preguntó por la Liga, les encanta el futbol (el rugby también, pero no es religión como en Samoa o Nueva Zelanda). Después del control, dirección Brisbane corre que te corre, y finalmente… Cairns! Donde nos recibió bastante calor y humedad, bueno, y un cartel grande de las autoridades avisando del peligro de los cocodrilos y tomaras ciertas precauciones.

Trasporte público en el aeropuerto de Cairns? No, gracias, para qué. Joder, y es que no hay ningún autobús público ni nada, sólo shuttles que puedes reservar con adelanto, o bien taxis. Mi recomendación es que si no vais muchos, cojáis un taxi, te va a costar como mucho 5 dólares australianos más y no da tanto pirulo, porque van dejando a la gente según su hotel, hostal o donde se alojen.

La ciudad es bastante pequeña, así que por muy lejos que parezca que tienes el alojamiento, podrás ir andando desde casi todos los sitios, aunque la mayoría de hostels u hoteles, tienen un shuttle propio con el que podrán acercarte a la zona centro a ciertas horas, o bien recogerte de vuelta, lo tienen bien montado si no quieres andar con calorcerte, que parece que no pero calienta el sol sobremanera, mucha cremita. A todo esto, tomo como centro la playita del Lagoon, que es el paseo marítimo, con una piscina pública muy chula con barbacoas, duchas, servicios, etc. Está todo muy bien acondicionado y es gratis! Así que ya que no es muy recomendable bañarse en la playa de Cairns por los cocodrilos, tienes una opción buena donde refrescarte y disfrutar.

A ver la Gran Barrera de Coral, me invaden las ganas.

martes, 3 de noviembre de 2015

Que hacer por Samoa

Son tantas cosas las que uno puede hacer en Samoa, que resulta imposible reunir todas aquí, sobre todo porque se trata de vivir Samoa, aún asi me arriesgo a poner unas cuantas.
Podemos encontrar muchas maravillas naturales para visitar. Cascadas impresionantes (en algunas incluso puedes nadar como en Afu Au), campos de lava donde puedes disfrutar de vistas espectaculares como el Coast Walk, playas increíbles de arena blanca en Lalomanu, reservas marinas para hacer snorkel o buceo, etc. Una de las cosas que me llamo más la atención fue la cueva de los enanos en Paia. Una cueva contruida en lava, donde la leyenda cuenta que fue excavada por unos enanos, un cazador la descubrió y los enanos le dijeron que si no contaba nada de la cueva, le darían toda la riqueza que quisiera, y todo fue así durante un tiempo, con muchas posesiones, mujeres, mucha riqueza, hasta que un día, el cazador, borracho contó donde se encontraba la cueva a otros cazadores, y a la mañana siguiente todo lo que tenía había desaparecido. Es un lugar curioso donde el guía, encargado de cuidar del acceso a la cueva, me contó que todavía nadie ha encontrado el final de la misma.
Otro de los sitios privilegiados es la piscina de To Sua, de la que seguro habéis visto alguna foto en las muchas guías de viaje de paraísos tropicales del Pacífico. También es genial la casa de Robert Louis Stevenson, el famoso escritor de La Isla Del Tesoro, donde se afincó hasta su muerte. Era muy conocido y querido entre toda la población aborigen, al que llamaban Tusitala (el contador de historias).
Imposible pasar por Samoa sin acercarse a la Villa Cultural de Samoa, de entrada gratuita (la voluntad), donde podremos disfrutar de las culturas del pueblo samoano, desde artes de baile, música, orfebres de madera, costura, hasta tatuaje tradicional samoano, el cual tiene una gran importancia para este pueblo.
Por supuesto, no hay que perderse pasar por la estación de autobuses de Apia, es impresionante ver el colorido de cada uno, con mensajes de todo tipo pintados. El mundo autobús en Samoa es otro mundo. Puedes verlos con la música a todo volumen, de colores diferentes, parar donde no hay paradas, la gente se sube o baja en marcha incluso, pero... esto es Samoa!

Todo eso me dará hambre, y de comer qué toca.
McDonald's ha llegado a todo el mundo, pero no hay que ser tan ganan como para terminar comiendo porquería a casi 17000km de casa cuando la tienes más cerca.
Siempre te puedes acercar a cualquier puesto de la calle donde puedas encontrar BBQ a buen precio, por 6 o 10 talas puedes ponerte hasta arriba, aunque tambien puedes ir a algún restaurante para comer lo que comen ellos normalmente, suele ser pollo rebozado (el rebozado es increíble), un fish'n'chips de pescado fresco, o pollo y verduras con curry. Estuve comiendo en un resort (son unas cuantas cabanas) llamado Fituafe's Indigenous Vai Villas donde compraban todo a gente local, de la comunidad, tanto verduras, pollo, como pescado, a un precio muy barato y con una calidad inmejorable.
También el local de Apia de Pinati's Restaurant es una gran apuesta, donde podras ver la cantidad de samoanos que van a comer allí con la familia, o bien, a coger los pedidos para llevar. A las 19-20 h aquello es un hervidero de gente que entra y sal, y podeis imaginar por qué tiene tanta fama entre los locales, verdad? yo repetí varias veces la experiencia.
Si buscas una experiencia de restaurante más cercano al concepto que conocemos, el Bistro Tatatu de Apia no te defraudará, aunque el precio no es el más barato que vayas a encontrar. Eso sí, la comida y la mezcla de sabores es exquisita, es una experiencia gastronomica para no perdérsela, con un ambiente muy acogedor y distinguido.

Samoa es una experiencia para vivirla, por mucho que pueda contar, no se acercará a lo que realmente disfrutas cuando estás en este sitio. La gente y la naturaleza, todo enamora.

Volveré seguro.

viernes, 30 de octubre de 2015

Las islas


Samoa está formada por un par de islas grandes y otras más pequeñas, algunas deshabitadas por completo. Lo ideal si no quieres gastar mucha pasta en excursiones guiadas o taxis, es pillarte un coche de alquiler, olvídate de scooters porque no vas a encontrar, casi nadie se mueve en moto, ni si quiera los locales. Puedes cogerlo en el mismo aeropuerto, o bien en cualquier sitio de Apia (la capital), o bien en la otra isla en varios de los pueblos más grandes. Tienes ferry para cruzar con vehículo de una a otra de las islas, aunque son bastante escasos en frecuencia. Importante tener en cuenta que el más tempranero, el de las 6 am, sólo lleva coches el de Mulifanua a Salelologa. De Salelologa a Mulifanua sólo lleva gente. Cuento esto porque te haces la picha un lío cuando ves el papel de los horarios y no queda nada claro. Yo me fui a primera hora pensando que muy a las malas me podría quedar durmiendo un par de horas más en el coche, pero acerté.

A mí me ha gustado mucho más Upolo que Savai’i, pero supongo que va en gustos. Savai’i da impresión de haber más resorts y estar más preparado para el rollo turismo en cambio Upolo parece más auténtica, de hecho ves mucho menos turista, sobre todo en Apia.

Recomiendo coger el ritmo samoano para ir descubriendo las islas, lo que vienen siendo las indicaciones de las cosas, no existen casi, cuesta encontrar las cosas incluso para los propios samoanos, eso me da que pensar. Los carteles con el nombre de las villas están pintados de color rojo con letras amarillas, normalmente con bastante maleza, piedras o cualquier otra cosa. Lo bueno es que yendo a 40/50 km/h te da tiempo a ir leyendo o mirando con más detenimiento, porque de verdad que está bastante complicado y no irás para volver a dar la vuelta, ni una, ni dos veces. Hay que mirar muy mucho las cosas que quieras ver en domingo porque se cierra todo, todo, así que es complicado. He encontrado playas donde llegan a prohibir el baño en domingo, concretamente recuerdo la de las almejas gigantes, lo cual fue una pena. Son muy religiosos en Samoa, de hecho la vestimenta por la calle debe ser cuidada, al menos con las prendas más o menos cortas, donde te llegarán a ofrecer un lavalava, o pañuelo tipo falda, para que te tapes. Son un poco extremistas en ese aspecto, aunque siempre desde un punto cordial y educado.

Me está gustando el ritmo samoano, se ve la vida pasar a una velocidad a la que da tiempo a saborear muchas cosas, al fin y al cabo, qué es la felicidad sino disfrutar buenos momentos.

jueves, 29 de octubre de 2015

El tiempo se mide en "samoas"


Después del tremendo choque del principio, ya he podido observar detalles de los samoanos mucho más de cerca y lo que más me ha gustado es el “samoan way” o “al estilo samoano”. Si el tiempo es dinero, tengo claro que esta gente debe ser millonaria.
Según te vas adentrando en su cultura, compruebas rápidamente que nuestra ajetreada vida para ellos no tiene sentido, van a su ritmo, unos más rápido y otros más lentos, pero nadie mete prisa a nadie. Las carreteras son de 35 mph (unos 55 km/h), así que cualquier trayecto por la isla te llevará tiempo, pero un tiempo para disfrutar, de sus vistas, de sus olores, ir saludando a la gente por cada villa que cruzas, observando a los moas (animales parecidos a los pollos) que corretean de un lado al otro de la carretera en busca de lombrices. No estamos acostumbrados a tanta relajación los occidentales, siempre corriendo de un lado a otro. Recuerdo el primer día, un señor que quería acercarse y charlar para que cogiera un taxi, me dijo que caminaba muy rápido, que no tuviera tanta prisa, y entonces no entendía qué quería decir, ahora lo sé. No creo que en Samoa muera nadie de un infarto por estrés, lo de las arterias obstruidas es otro cantar, que aquí no son de talla 34, ni falta que les hace para ser felices. A más de un modisto sí que le iba a dar un infarto en Samoa.
Otra se las cosas que me han enamorado de Samoa, paisajes aparte, son sus gentes, la hospitalidad samoana, donde puedes recorrer una calle de 200 metros y que te digan “hola” o “feliz día” unas 10 veces, siempre con una gran sonrisa, y es que es así el samoano. Da igual si te conocen o no, da igual que hables o no samoano, da igual tu color, tu condición, lo que sea, ellos siempre te van a saludar o a devolver el saludo de forma alegre. Muchos preguntan de dónde eres por curiosidad, y cuando digo que soy de España, muchos se quedan alucinados de cómo he podido recorrer tanta distancia para venir hasta aquí, otros ni siquiera saben dónde está, o bien lo confunden con México, porque ven muchas películas de acción mexicanas en VO y les suena el idioma.
Samoa, ese sitio lleno de iglesias por todos lados. Puedes ver varias iglesias (cristianas, metodistas, del séptimo día del no sé qué, etc.) en una misma villa. Ver cómo viven la religión es muy curioso, los domingos cierra prácticamente todo, excepto alguna gasolinera selfservice y alguna tienda de comida tipo kiosko, todo lo demás cierra, las iglesias abren todo el día y puedes ver entrar y salir gente con sus mejores galas durante la jornada, es un día muy familiar para ellos, y es cuando suelen hacer la comida tradicional, con sus grandes fuegos (se pueden ver muchas columnas de humo por toda la isla) donde ponen sus “patatas”, una especie de mandioca, aceite de coco, pescado, pollo, cerdo, todo con hojas de banano, para después terminar comiendo en los fales, las típicas cabañas samoanas donde se reúne la gente de las villas. Son abiertas y elevadas un poco del suelo, un simple techo de hojas de palmera y unas cuantas columnas de madera que lo sujetan (donde se pondrán los jefes de forma ordenada y el resto en corro), allí los podrás ver comer, dormir, charlar, o incluso jugar al bingo.
Voy cerrando que me espera una suculenta comida con una cerveza fresquita (vailima) y tengo que tomarme mi tiempo, samoan way.

lunes, 26 de octubre de 2015

This is Samoa! Talofa

Esto es Samoa! Cualquier cosa que veas y no tenga una explicación aparentemente racional, usa esta frase porque le viene como anillo al dedo. Y es que son tan diferentes las costumbres samoanas a las nuestras, como sus coches y autobuses. El primer encontronazo con Apia (la capital), de noche y tras varias horas de vuelo desde la tan ordenada Nueva Zelanda, chocan frontalmente con el estilo samoano. La llegada del vuelo a una pista pequeña, de estar por casa, un grupo local amenizando la recogida de equipajes con canciones tradicionales samoanas, el control exhaustivo con inmigración y luego con los de las autoridades agrarias, por no contar el de la misma entrada a la terminal de ébola, que tienen en los papeles que pongas si eres de países que hayan tenido algún caso de ébola, como Sierra Leona, Nigeria o España. España!!!! Gracias a la magnífica gestión de los servicios sanitarios de nuestro país. Vamos, que el impacto es grande. Luego con los taxistas a la salida, como locos por cogerte de pasajero, aunque el importe no es alto, la verdad, tengo la impresión de que esta gente tampoco se ha subido a la parra y quieren hacerse millonarios a tu costa. Eso sí, no busques a nadie que ponga el taxímetro porque no existe.
Tras el golpe de calor, la humedad, la noche y que no había nada iluminado a excepción de los fales (como cabañas abiertas) comunales donde la gente estaba reunida o jugando al bingo (nunca he visto tanto bingos por metro cuadrado, lo juro), por fin llegas al hotel/motel, donde con un poco de suerte porque has encontrado abiertas varios puestos de cambio de dinero, puedes dejar una fianza para pagar el sitio, además del taxista que te ha llevado. Vivan las talas! Mañana será otro día, hoy sólo he podido encontrar abierta a estas horas, una pequeña tienda local donde comprar una cerveza y unas patatas fritas como cena. Samoa promete.

Consejos y algunas utilidades kiwi

Lo primero, puntos de wifi gratis, esos que todos queremos pillar para saludar a la familia, tuitear fotos dando envidia de vacaciones, o por qué no, ganar unos cuantos instagramers en nuestra cuenta con los hastgas de los sitios que visitamos. En Nueva Zelanda puedes encontrar muchas cabinas de Spark con free wifi, pero serán pueblos relativamente grandes, aunque aquí el término grande es muy diferente del que estamos acostumbrados a manejar. Yo tenía la regla del 80/70 y 50; cuando entrabas a un pueblo donde la velocidad mínima que marcaba era de 70/80, el pueblo es pequeño (vamos, cuatro casas y desperdigadas), y cuando la velocidad era de 50, el pueblo era relativamente grande y podías encontrar alguna gasolinera y cabina de free wifi. También existen un montón de sitios donde poder conectarse gratis, incluso con algún banco he dado, eso que son de los que nunca dan nada gratis.
Gasolineras, especial atención en la isla sur, donde al haber tanto parque natural, no existen pueblos, y por lo tanto no hay gasolineras. No esperes ver una gasolinera fuera de un pueblo porque no he visto ninguna, así que calculad bien los recorridos y los repostajes. En la isla norte no he encontrado mucha dificultad, hay bastantes ciudades intermedias y los recorridos son más pequeños.
Moverse por el país.
Existen varias formas, tren, bus, avión, alquiler de vehículos de varios tipos, e incluso el autostop, hay mucha gente que se mueve por Nueva Zelanda haciendo dedo. En mi caso, me he movido con campervan. Algo más grande que una monovolumen, pero bastante más manejable que una autocaravana, con lo que hacía de mixto para campo o ciudades. No hay que preocuparse demasiado por el tema del vaciado de agua y reponer, suele haber “dump stations” públicas hasta en los pueblos más pequeños, aunque en algunos hay que prestar atención porque vienen señaladas y luego son campings privados. De todas formas, siempre viene bien hacer una parada en algún camping o motel, suelen estar bien acondicionados y aprovechas la electricidad (y las duchas de verdad con agua caliente también, es cierto). También existen multitud de campings públicos, suelen estar en áreas de lagos o montaña, disponen de baños y son bastante económicos (unos 6 dólares). Puedes encontrar una especie de hucha para echar el dinero y unas cartulinas donde registrarte de forma voluntaria. Tampoco esperes mucho de estos campings, es lo que viene siendo un descampado más o menos pequeño, cerca del agua y con unos baños que son letrinas (eso sí, suele haber papel higiénico) sin lavabo.
Supermercados de varios tipos, donde en muchos puedes encontrar descuentos en gasolineras si tu compra asciende a un mínimo, lo cual puede venir bien en algunos casos. Por ejemplo, los supermercados Countdown, suelen hacer descuentos de 4 céntimos por litro en gasolineras Z.
Para excursiones, no hay que volverse loco, basta con ir a un iSite del pueblo en cuestión, y allí encontraremos Info de todas las actividades que podemos hacer por la zona, desde allí mismo se pueden contratar al instante. Yo he llegado a flipar porque había sitios que te desplazan incluso a 400km para ir al sitio de la excursión, mucha tela.
Seguro que se me ocurrirá algún consejo más, ya iré aumentando esta entrada si es preciso.
Corto ya, estoy a punto de aterrizar en Samoa, aunque por desgracia es de noche.

martes, 20 de octubre de 2015

Despedida kiwi


Ya van terminando los días por Nueva Zelanda, con profunda tristeza toca despedirse de sus gentes, sus animales, sus carreteras de grava interminables, su viento, su sol, sus días de lluvia entre montañas y algún que otro homenaje culinario en alguno de sus asadores. Es una pasada de sitio, lástima que nos pille tan lejos a los españoles.

Hoy toca dormir en un área de servicio en la campervan, junto a unas vacas que no parece que tengan muchas visitas con frecuencia, todas están en el lado de la valla junto a la furgo. Ningún kiwi visto, tampoco ballenas ni delfines por temporal, pero muchas focas, keas, kakas, conejos y mucho pájaro vistoso, así que algo es algo. Es impresionante la cantidad de fauna salvaje que hay por aquí y cómo tratan de conservar todas sus especies autóctonas, se lo toman muy en serio. He visto muchos carteles avisando de productos químicos encontrados en zonas silvestres, hacen mucho hincapié en avisar de especies invasoras, ponen carteles con consejos para limpiar embarcaciones en lagos por algas, en el campo en ciertas zonas por las botas, etc. Muchos sitios sin papeleras donde te piden que te lleves contigo la basura que generas. Son muy conscientes que cualquier cosa puede alterar el ecosistema; es algo muy palpable en la zona de los glaciares, donde puedes ver dónde se encontraba la lengua hace unos años y en la actualidad. Da gusto ver las explotaciones ganaderas, todo el ganado en campos verdes enormes, pastando sin estrés alguno, en general bastante bien cuidadas las instalaciones. Con razón vas a cualquier super a comprar carne de ternera y sabe deliciosa, muy blandita y jugosa. Y es que no sé si será porque las leyes son muy severas, o bien por educación (confío en lo segundo), pero la gente es muy civilizada y educada, y se ve fácilmente en cualquier servicio público (que los hay en todos los pueblos, ciudades o incluso rutas por el monte), donde siempre hay como mínimo, papel higiénico , o donde te puedes encontrar en la gran mayoría secadores de mano, y todos en perfecto estado, desgastados por el uso pero poco vandalismo, aunque alguno me he encontrado donde especificaban que los cerraban de noche por actos vandálicos, aunque no encontré rastro alguno.

Después de 20 días, más de 3500 kilómetros y habiendo cruzado de norte a sur y de este a oeste las dos islas, creo que me llevo en la mochila un pequeñito reflejo de lo que es Nueva Zelanda y, no me queda otra que decir que, me ha encantado y cuando pueda volveré, seguro, me queda mucho por descubrir

Próximo destino… Samoa, rumbo a la polinesia…

sábado, 17 de octubre de 2015

El tiempo primaveral


Bendita primavera que llenas todo de agua y flores, aunque yo sólo veo el agua, y qué trombas. Recorrer las carreteras con carteles de “flood” y avisos de desprendimientos, no es lo más relajante del mundo, la verdad, pero es lo menos que puede pasar con la cantidad de agua que ha caído en dos días. Esas mantas de agua de un par horas de la gota fría, pero con varias horas más, de esas que te cierran los glaciares al público porque la mayoría de las rutas se han convertido en rápidos ideales para rafting, no para senderistas ávidos de “la instantánea” más original. Es lo que tiene el tiempo en primavera, te cierran un glaciar, se inunda medio parking de un embarcadero, encuentras playas con mar embravecido, o simplemente conviertes tu vehículo en una barca a medida que atraviesas las carreteras entre bosque y montaña.
Cada día tomo más en serio los carteles neozelandeses que avisas de las condiciones tan cambiantes de sus carreteras, es un hecho. Puedes empezar el día con lluvias torrenciales, desprendimientos de rocas, cascadas de agua, niebla, viento, y terminarlo al borde de las plácidas aguas de un lago enorme mientras miras la puesta de sol entre montañas nevadas, la maravilla de la naturaleza. Eso sí, asegúrate de llevar bien repleto el depósito de combustible del coche, las gasolineras escasean en la isla sur de la mitad para abajo, no les gustan mucho en los parques naturales y hay muchos, cuidado no te toque llamar a asistencia en carretera, será, además, el único vehículo que veas durante muchos kilómetros.
Aprovecho ya que casi se me va el sol, y esta gente son de dormir pronto.

jueves, 15 de octubre de 2015

Sobreviviendo a pesar del viento

Me cago en la primavera kiwi y la madre que la parió. Es imposible que esta gente vea un rayo de sol con 9 grados y salgan a la calle con bermudas, chanclas (o simplemente descalzos por la calle), manga corta y no les veas ni estornudar, están hechos de otra pasta, eso seguro. De hecho, son raros para muchas cosas. Que alguien me explique cómo pueden ser todas las vías de 100 km/h independientemente sean motorways, rural roads o caminos de grava (que ya he pillado alguno entre desfiladeros donde sólo entraba un coche), o cómo una motorway puede terminar en un stop, tienes que hacer un zigzag y así poder continuar por la carretera que ibas, me tienen acojonado con esas cosas. Menos mal que son pocos conduciendo (te puedes tirar kilómetros sin ver un coche por ciertas carreteras principales) y bastante pacientes, pueden aguantar ir detrás de una caravana bastante tiempo antes de adelantar, y siempre adelantando con mucho cuidado, no son muy macarras. Curioso es el caso de los camioneros, van bastante ligeros en carretera, pero en zonas de subida o cuando les cuesta, te facilitan el paso echándose a un lado en las stopping bay o bien en salientes que hay por la carretera, cosa de la que deberían aprender en muchos otros sitios.
Es increíble ver hectáreas y hectáreas de terreno verde con cientos de vacas, ovejas, llamas, alpacas o cabras. Cualquier granja por pequeña que sea tiene una cantidad enorme de ganado. Cuidado con acercarse demasiado a ciertas vallas para ver animalitos que muchas están electrificadas. Pero es genial como piensas en el desarrollo sostenible y miran por su fauna y flora autóctona, con carteles en áreas recreativas o incluso supermercados, exponiendo las especies invasoras que hay por la zona e instrucciones de cómo se debe proceder.
Tienen su puntito estos kiwis.

lunes, 12 de octubre de 2015

Casi un kiwi más


Según pasan los días, uno se acaba acostumbrando a casi todo, y a lo bueno mucho más. Es fantástico encontrar mil y un sitios con baños públicos bien cuidados, gratis, con papel. Un montón de áreas de servicio limpias, verdes, con bancos, con dump stations públicas incluidas. Puedes ir tirando de la wifi gratutita (aunque nada estable) de las cabinas de Sparks, al final tendré que hacer una donación o algo con tanto uso que las doy. También hay que destacar que todos los pueblos importantes tienen su i-sites, donde puedes coger información de toda la zona, contratar excursiones, utilizar su wifi o incluso comprar souvenirs de artesanos locales. Me encanta el concepto de comunidad que tienen, y la gente es muy amable, son muy de saludar cuando se cruzan contigo, o te preguntan si necesitas ayuda si te ven un poco perdido. Me estoy acostumbrando a la vie en kiwi. Otro post se lo dedicaré a la conducción, es mi primera vez con la izquierda (no, de eso no) y hay detalles curiosos de su forma de conducir.
Cada día veo más claro que esta gente vive así de bien porque están en la otra parte del mundo, espero que pueda durar mucho más tiempo su autenticidad, aunque KFC, McDonald’s y Burrikin lo asolen todo como de costumbre.

sábado, 10 de octubre de 2015

Por tierra de kiwis



El principio ha sido un poco caótico pero el período de adaptación muy rápido, así que ya somos casi un kiwi más. Lo de conducir por la izquierda ha pasado de reto a rutina, aunque todavía hay algunos problemas en algunos cruces, sigo sin acostumbrarme a que las autopistas o vías rápidas terminen en un stop y haya que hacer una chican para continuar por la misma. Por lo demás, todo va viento en popa. La gente es especialmente agradable en todos los sitios, siempre te sonríen e incluso te saludan por la calle cuando se cruzan contigo, aunque como mención especial la del conductor del autobús del poblado maorí (Tamaki). El tío animó el cotarro todo el tiempo y a la vuelta nos deleitó con sus grandes éxitos cantados y un par de vueltas extra a una glorieta antes de empezar a repartir a la gente por sus hoteles. Nos dejó los últimos y nos acercó adonde teníamos la furgo, recomendándonos otro sitio donde aparcar y pasar la noche. Ya tengo aprobado primero de haka maorí después de la velada en la aldea Tamaki, una bontia noche entre risas y compartir conocimientos varios, allí nos encontramos con los primeros españoles que habíamos visto en todo el viaje.

El rollo de las dump stations, ese mundo. Después de preguntar y seguir los carteles hasta allí, éramos incapaces de localizar el “agujero”, hasta que hemos preguntado al gasolinero que dónde estaba, y tenía pinta de haber escuchado muchas veces la misma pregunta. Nos indica perfectamente y dejamos todo la mar de limpito, eso sí, instrucciones en mano que nos había dado por escrito el señor del alquiler de las caravanas, porque yo no recordaba una castaña del vídeo que me casqué de 15 minutos que nos pusieron en el “depot” de caravanas. Fue un “too much information” como una casa.

Así que entre hobbits, kiwis, fumarolas de géiseres, cuevas de luciérnagas, playas inmensas y aldeas de guerreros maoríes, Nueva Zelanda es una pasada de país. Creo que podría quedarme aquí a vivir, tiene pinta de que la gente tiene un nivel de vida alto y relajado, no veo mucho estresado de la vida, cosa que cada día valoro más en mi vida.